viernes, 20 de octubre de 2017

LA MUSA


Nueve eran las musas, nueve las inspiradoras, las creadoras.

Después de su exitosa y celebrada primera novela, La Casa de las Miniaturas, Jessie Burton ha creado una historia igualmente vibrante sobre las vidas de cuatro mujeres extraordinarias. Así, dos dramáticos episodios ocurridos en épocas muy distintas conducen al lector a un apasionante y vertiginoso recorrido a través del amor y la obsesión, la verdad y la impostura.

Andalucía, 1936. Con la guerra civil a punto de estallar, Olive Schloss, hija de un marchante de arte vienés y una heredera inglesa, vive con sus padres en las afueras de un pueblo apartado. A la muchacha le encanta la pintura, y quiere emular a las grandes artistas de su época. Allí traba amistad con la joven criada, Teresa Robles, y con su hermanastro Isaac, un pintor idealista que da clases en Málaga. Al poco tiempo, Olive consigue burlar la voluntad de sus padres urdiendo un plan que desatará una cadena de mentiras y secretos.

Londres, 1967. Odelle Bastien, una joven llegada de Trinidad, aspirante a escritora, ha conseguido por fin un trabajo de mecanógrafa en el augusto Instituto de Arte Skelton bajo la tutela de la codirectora, Marjorie Quick. A pesar de que ésta le otorga toda su confianza, Odelle percibe en ella cierto halo de misterio, que se intensifica con la aparición de una obra maestra perdida durante la guerra civil española, un enigmático cuadro cuyo autor podría ser el desaparecido Isaac Robles.

                Las dos tramas se unen por un cuadro Rufina y el león, por el tema de la creación del artista, pues tanto Olive como Odelle conciben su obra como una forma de expresión, y por un personaje común a ambas historias, que se desarrollan de forma paralela, pero, para mí, la narración que presenta más peso, desde el punto de vista dramático, es la de Olive, no sólo por la situación sociopolítica que recrea, sino por las relaciones que se establecen entre Isaac, Olive y la madre de ésta, además de los tejemanejes del padre de Olive para rentabilizar lo que él cree que son las pinturas de Isaac. Otro tema que subyace en ambas tramas es la escasa importancia que se da a la mujer como artista.

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