martes, 28 de febrero de 2017

LA CAÍDA DE TROYA


—Soy poeta, Lavinia. —Me gustó el sonido de la palabra, pero no la conocía—. Un vate —añadió. Esta sí que la conocía, claro: un narrador, un vidente. Hacía juego con la sangre etrusca que corría por sus venas y esa capacidad que parecía poseer de conocer lo que no había ocurrido aún. Pero yo no entendía lo que tenía que ver con aquella mujer guerrera y se me antojó una mera historia.
—¿Puedes contarme algo más sobre ese hombre que se acerca?
Reflexionó un momento. A pesar de que estábamos hablando con total desenvoltura y sinceridad, con total confianza, como si los dos fuéramos sombras inofensivas a invulnerables, con toda la eternidad ante nosotros, seguía siendo un hombre que pensaba antes de hablar.
—Sí —dijo—, eso sí puedo hacerlo. ¿Qué quieres saber?
—¿Por qué viene aquí?
—Creo que eso no debería decírtelo ahora. El tiempo lo hará. Pero no creo que tenga nada de malo que te cuente de dónde viene.
—Te escucho. —Me acomodé mejor sobre los vellones.
—Oh, Lavinia —dijo—. Vales por diez Camilas y nunca me di cuenta. Bueno, ya no importa. ¿Has oído hablar de Troya?
—Sí. Es un pueblecillo al sur de aquí, cerca de Ardea.
—Ah… No, ésa es Troia. La que yo te digo era una gran ciudad muy lejana, al este de aquí, al este del mar, al este de las islas griegas, en la costa de Asia. Había un hermoso príncipe troyano llamado París. Una reina griega y él se fugaron juntos. Su marido convocó a los demás reyes de Grecia y todos juntos marcharon sobre Troya, un gran ejército en mil naves picudas, para recuperar a la mujer. Helena, así se llamaba.
—¿Por qué querían recuperarla?
—El honor de su marido así lo exigía.
—Pues yo diría que su honor exigía que se divorciara de ella y se buscara una esposa decente.
—Lavinia, esos hombres eran griegos. No ro… no itálicos.
—El rey Evandro es griego. Me pregunto si iría a buscar a su esposa si ésta lo engañara.
—Lavinia, hija del rey, ¿me dejas que te cuente mi historia?
—Lo siento. Guardaré silencio.
—Entonces te contaré la historia de la caída de Troya, tal como Eneas se la refirió a la reina de Cartago —dijo. Enderezó la espalda, sentado como estaba en el suelo oscuro, una sombra entre sombras, y empezó a cantar.
No era una canción como los cantos de los pastores, los coros de los remeros o los himnos de Ambarvalia y Compitalia, ni como las canciones que entonan las mujeres todo el día mientras hilan, tejen, baten, cortan, limpian y barren. No tenía melodía. Las palabras eran su única música, las palabras eran el ritmo del tambor, el chasquido del telar, el ruido de los pasos, el golpe de los remos, el latido de los corazones, las olas que rompían en la playa de Troya, al otro lado del mundo.
No puedo repetir aquí todo lo que cantó, el gran caballo y las serpientes que salieron del mar y la caída de la ciudad. Sólo contaré aquella parte del relato en la que más he pensado.
Cuando los griegos salieron del caballo y su ejército se dispersó por la ciudad, Eneas, el guerrero troyano, luchó contra ellos en las calles. Lo hizo sumido en una especie de locura, furioso y ciego, hasta que vio que la casa del rey estaba ardiendo. Entonces se aclararon sus pensamientos. Se acordó de su propia casa y de los suyos, y corrió hacia allí. La casa estaba a cierta distancia del centro de la ciudad y allí todavía reinaba la calma.
Mientras recorría las calles, vio grandes poderes que se habían hecho visibles y se movían en la oscuridad, poderes que deseaban que Troya ardiera.
Al llegar a su casa, intentó que sus moradores la abandonaran, escaparan de la ciudad, se salvaran. Pero su padre, Anquises, no quería irse. Estaba lisiado y apenas podía andar. Le dijo que prefería morir en su propia casa. Pero la gente de la casa no estaba dispuesta a dejarlo allí. No se irían sin él. Eneas decidió rendirse, regresar corriendo a la locura y hacerse matar en las calles, pero en ese momento su esposa Creusa lo detuvo y le dijo que no tenía derecho a hacerlo. Su deber, y el de ella, era tratar de salvar a los suyos. Tenía consigo a su pequeño, Ascanio. Y mientras hablaban alguien gritó «¡Mirad!», y al hacerlo vieron que al niño se le había inflamado el pelo y una llama dorada danzaba sobre su cabeza. La apagaron, pero el viejo Anquises, que sabía leer los augurios, dijo que era un buen presagio. Entonces vieron que una estrella fugaz cruzaba el firmamento y se perdía sobre los bosques que cubrían la montaña que dominaba la ciudad, el monte Ida. Anquises dijo que debían seguirla, así que Eneas les ordenó a todos que se dispersaran y echaran a correr, que salieran de la ciudad por donde pudieran, y luego les dijo dónde se encontrarían: en un montículo con un antiguo altar de la Madre del Grano, extramuros, bajo el monte Ida. Anquises guardó los tesoros de la casa en una gran cazuela de arcilla y Eneas se cargó a su lisiado padre sobre las espaldas. Cogió al pequeño Ascanio de la mano y, seguido por Creusa, partió por las calles oscuras.
Pero Anquises vio entonces a unos soldados en un callejón y le gritó a Eneas que corriera. Eneas obedeció, tomó otro camino y, echando a correr a ciegas por las calles, se perdió. Al fin reconoció una avenida y continuó por allí, sin soltar a su padre ni a su hijo pequeño, hasta llegar a las puertas, tras de las cuales se encontraba el altar donde lo esperaban todos los suyos. Sólo entonces reparó en que su esposa no estaba con ellos. Se había quedado atrás cuando él se dio la vuelta y echara a correr, sin pararse una sola vez para comprobar si seguía a su lado. Desde entonces, nadie la había visto.
Así que Eneas regresó solo a la ciudad. Corrió a la casa, pensando que tal vez se hubiese refugiado allí. El edificio estaba ardiendo por los cuatro costados. Corrió por toda la ciudad gritando «¡Creusa! ¡Creusa!» entre los edificios en ruinas, los incendios y los soldados que mataban y saqueaban. Y entonces la vio. Se encontraba frente a él en la calle oscura. Pero era más alta de lo que él recordaba. Y dijo:
—No iré contigo, ni seré la esclava de ningún griego. La Madre Tierra me mantiene aquí. Y tú deberás viajar muy lejos y durante mucho tiempo. Debes irte, mi dulce esposo, para llegar a las tierras de occidente. Allí serás rey y tendrás una reina. No llores por mí; reserva tu amor para proteger a nuestro hijo.
El intentó hablarle y cogerla entre sus brazos… Tres veces lo intentó, pero era como abrazar al viento, tratar de asir un sueño. Se había perdido en la sombra.
Así que Eneas regresó al montículo del altar, donde se había congregado un gran gentío que, al huir de la ciudad, se había unido a su casa. Los griegos no los habían seguido aún. Volvió a cargarse a su padre a la espalda y los llevó hacia las colinas donde se había perdido la estrella fugaz. Casi había amanecido.
Recuerdo que, mientras se apagaba la voz del poeta, cantó un primer pájaro, con voz aguda y lejana, a pesar de que no había aún luz en el cielo, y ninguna voz le respondió. También estaba amaneciendo. Miré en dirección a la sombra del poeta y vi que ya no estaba. Me tendí sobre los vellones y dormí hasta que la luz del sol perforó con sus rayos los oscuros troncos y el denso sotobosque y me despertó.

Ursula K. Le Guin, Lavinia

PREMIO LOCUS NOVELA DE FANTASIA 2009

lunes, 27 de febrero de 2017

EL JUEGO SIGUE SIN MÍ

            Enviado por Lourdes (B2C):

El protagonista evoca un episodio de hace nueve años, cuando, con tres, se hace amigo de un chico mayor que él, Rai, a quien los padres contrataron como profesor particular. La relación duró solo el curso escolar, pero dejó honda y definitiva huella en el niño.

Rai, un chico bastante enigmático, con un pasado espinoso, actúa como maestro integral del niño, a quien revela la complejidad de la vida, le orienta en las primeras pulsiones vitales, le esclarece las perplejidades que suscita el mundo sin autoritarismo ni ingenuo coleguismo. Hasta le sirve de guía intelectual: le descubre cierta música, le abre horizontes de especulación filosófica y le proporciona orientaciones literarias y cinematográficas.

En esta novela, Martín Casariego trata un tema juvenil: el paso de la adolescencia a la madurez. Es una obra que va a fusionar el sentimiento que despierta el drama junto a una pretensión de enseñanza por parte del autor sobre las generaciones actuales. Es un gran acierto que el autor intenta plasmar en la obra cómo los adolescentes de hoy en día son excesivamente dependientes de las redes sociales, además de que demuestra que en la actualidad muchos jóvenes hacen un mal uso del internet. Debo destacar los tópicos del suicidio, del fracaso, de las preguntas sobre la existencia, puesto que son las típicas preguntas que un joven entrando ya en una etapa más madura se cuestiona constantemente.

Los personajes me parecen pocos, pero suficientes. Eso sí, cabe subrayar la presencia de Rai, un joven de dieciocho años poco ajustado a la sociedad juvenil en la que vive, con ideas, gustos y pensamientos totalmente distintos al resto de su edad. Es un personaje bastante atrayente para el lector, tanto para jóvenes como para adultos, lo que refuerza que esta obra no sólo la puedan disfrutar adolescentes amantes de la lectura, sino también un público más amplio.

Por último, la prosa me parece de escasa elaboración, pero sencilla y fácil de comprender, lo que puede ser un punto a favor: Transmitir el mensaje de la obra sin que haya lugar a discrepancias ni dificultades, un mensaje claro y diluido.

PREMIO DE NOVELA CAFÉ GIJÓN 2014

Os dejamos con una entrevista donde Martín Casariego habla sobre su libro:

domingo, 26 de febrero de 2017

DON JUAN: CARNAVAL


Va a empezar el carnaval,
los tambores sonarán.
Todo el mundo con disfraz
y en la cara el antifaz.
Vengan todos a gozar,
viene ya el carnaval.
Y te podrás deleitar
con el cura del lugar,
y podremos criticar
al hombre más principal;
no los reconocerás.
Ocultemos ya nuestra faz.

                Con esta letra da comienzo Don Juan, Un Musical a Sangre y Fuego, entremezclándose con los primeros versos de la obra de Zorrilla


D. JUAN.
¡Cuán gritan esos malditos!
Pero, ¡mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!
(Sigue escribiendo.)

BUTTARELLI. (A CIUTTI)
Buen carnaval.

CIUTTI. (A BUTTARELLI.)
Buen agosto
para rellenar la arquilla.

BUTTARELLI.
¡Quia! Corre ahora por Sevilla
poco gusto y mucho mosto.
Ni caen aquí buenos peces,
que son cosas mal miradas
por gentes acomodadas
y atropelladas a veces.

CIUTTI.
Pero hoy...

BUTTARELLI.
Hoy no entra en la cuenta,
Ciutti: se ha hecho buen trabajo.

CIUTTI.
¡Chist! Habla un poco más bajo,
que mi señor se impacienta
pronto.


                Sólo me queda por deciros, que las imágenes que acompañan al texto pertenecen al comic adaptado por Begoña Oro y editado por SM, y que disfrutéis con el comienzo del musical:

viernes, 24 de febrero de 2017

EL CARNAVAL DE LOS ANIMALES


Es una suite musical en 14 movimientos compuesta en 1886 durante unas vacaciones del compositor francés Camille Saint-Saëns en un pueblo austríaco. Se trata de una composición humorística -a modo de collage musical de obras del propio autor (La Danza Macabra) y de antiguas canciones francesas o piezas tan conocidas como el Can-Can de Jacques Offenbach, la Danse des Sylphes de Hector Berlioz o El Sueño de una Noche de Verano de Felix Mendelssohn. La obra está pensada para interpretarla en una fiesta de carnaval, ya que los personajes son animales diversos: leones, tortugas, elefantes, gallinas, canguros… Por deseo de Saint-Saëns, se estrenó después de su fallecimiento y llegó a ser una de sus obras más exitosas.

José Antonio Abad ha creado un texto literario para acompañar la interpretación musical de la orquesta Academy of London, que se va intercalando en cada página. El relato recrea el ambiente de solemnidad de la celebración y describe la llegada de los invitados, conformando una postal de biodiversidad, en la que no faltan elementos fantásticos. Las ilustraciones de João Vaz de Carvalho complementan el espíritu lúdico de este libro, con figuras caricaturescas.


Aquel era un día muy especial.
Bajo un sol espléndido y un aire suave.
Se estaban ultimando los detalles
para la celebración del cumpleaños del León,
el Rey de los animales.
Muy de madrugada, una enorme bandada de aves voladoras
había llevado hasta los últimos rincones del mundo
el saluda del león,
en el que invitaba a todos los animales a una recepción
para celebrar su cumpleaños...
Los primeros en llegar fueron los grandes felinos:
leones, tigres, leopardos y panteras, formaban un espectacular desfile
y junto a otros muchos animales, grandes y pequeños,
se fueron situando en la gran explanada.
De repente, sonaron unas llamadas de advertencia
que acallaron el murmullo de las conversaciones.
Anunciaban la presencia del León que,
moviendo la cabeza de un lado a otro,
saludaba a los asistentes con potentes rugidos.


Música, texto e imagen se unen para ofrecer a los niños la célebre pieza de Saint-Saëns de una forma lúdica. El libro se complementa con un CD que contiene toda la pieza musical, interpretada por la Academy of London.

Os dejo con un audio del texto de José Antonio Abad y un fragmento de la música que pertenece a la película Fantasía 2000, de la casa Disney:


jueves, 23 de febrero de 2017

LLEGAN LOS JUANES, COMIENZA EL CARNAVAL


Una vez al año, este pueblo del centro de La Mancha nos atrae con su maestro de ceremonias en acción.

El maestro de ceremonias es Juan-Perucita Juan, el maestro de ceremonias y celebraciones más famoso del mundo: el Sr. Juan. Según la leyenda, con su vuelta al pueblo llega el carnaval y se acerca la primavera.

Este 23 de febrero, como todos los Jueves Lardero, tras lardear, a las 20’30 minutos, Juan Perucita Juan, maestro de maestros de ceremonias, celebrador de celebradores, bailón de bailones, ha llegado, de buen humor y con mucha marcha, a la Plaza Vieja, aquí, en Villarrobledo, Albacete.

Y ha dicho en lengua juanil o de pico cuervo, como prefieran: “Definitivamente veo una sardina”. ¡Enhorabuena, amigos! ¡Diez días de fiesta, juerga y Carnaval!

Y con sus amigos y compañeros, los Juanes, ha entonado esta hermosa melodía:


De nuevo llegó
otro Carnaval,
todos "los Juanes" con sus disfraces,
dando color.

Un lobo feroz
mira esta vez,
"Juan-Perucita" con su abuelita
pueden caer.

Un "Juan-leñador"
pudo aparecer,
estropeando los planes del lobo,
que se marchó.

Así pasará
nuestro Carnaval,
"Juan-Perucita" con su cestita
huevos dará...
y siempre tendrá
sombras de lobo detrás.

Un "Juan-cazador"
pasó por allí,
y el lobo corriendo
salía huyendo
muy lejos al fin.

Como es Carnaval
me pongo a bailar,
"Juan-Perucita" con su abuelita
también bailará...
y siempre tendrá
sombras de lobo detrás.

De nuevo llegó
otro Carnaval,
todos "los Juanes" con sus disfraces,
dando color.


miércoles, 22 de febrero de 2017

DESAFÍO QUE LA CUARESMA HIZO A DON CARNAL


Acercándose viene un tiempo de Dios, santo;
fuime para mi tierra a descansar un cuanto,
de entonces a ocho días era Cuaresma, tanto
que puso por él mundo gran miedo y gran espanto.

Estando yo en la mesa con don Jueves Lardero,
entregóme dos cartas un rápido trotero;
diré lo que decían, mas no lo haré ligero
pues las cartas, leídas, devolví al mensajero.

De mí, Santa Cuaresma, sierva del Criador
y por Dios enviada a todo pecador,
a todos arciprestes y curas sin amor
salud en Jesucristo, hasta Pascua Mayor.

Sabed que me dijeron que, hace cerca de un año,
se muestra don Carnal muy sañudo y huraño,
devastando mis tierras, haciendo muy gran daño,
vertiendo mucha sangre; con disgusto me extraño.

Y por esta razón, en virtud de obediencia,
os mando firmemente, so pena de sentencia,
que por mí, por mi Ayuno y por mi Penitencia,
vos le desafiéis con mi carta de creencia.

Decidle sin rodeos que de hoy en siete días,
la mi persona misma, con las mis compañías,
iremos a luchar con él y sus porfías;
temo no se detenga en sus carnicerías.

Devolved al trotero la carta ya leída;
que la muestre a la gente, no la lleve escondida;
que no digan después que no fue conocida.
Fechada en Castro Urdiales y en Burgos recibida.

Juan Ruiz, Libro de Buen Amor

martes, 21 de febrero de 2017

EN LA OSCURA PROFUNDIDAD DEL MAR

 

El Támesis es una bestia inmunda: avanza sinuoso por Londres como un lución o una serpiente marina. Todos los ríos desembocan en él, el Fleet y el Tyburn y el Neckinger, llevando consigo toda la suciedad y la espuma y los residuos, los cadáveres de gatos y perros, y los huesos de ovejas y cerdos hasta las aguas marrones del Támesis, que se las lleva al este hasta el estuario y, desde allí, las arrastra hacia el mar del Norte y el olvido.

Está lloviendo en Londres. La lluvia arrastra la porquería hasta las alcantarillas, y alimenta los arroyos hasta convertirlos en ríos, y los ríos en criaturas poderosas. La lluvia es ruidosa, salpica y golpetea y repiquetea en los tejados. Si lo que cae del cielo es agua limpia, sólo tiene que tocar Londres para convertirse en suciedad, para mezclarse con el polvo y convertirse en barro.

Nadie se la bebe, ni el agua de lluvia ni la del río. La gente hace chistes sobre el agua del Támesis, dicen que te mata al instante, y no es verdad. Hay traperos que se sumergen en el río en busca de los peniques que tira la gente, luego salen a la superficie, escupen el agua, se estremecen y enseñan las monedas. No mueren, claro, por lo menos no mueren de eso, aunque no hay traperos de más de cincuenta años.

A la mujer no parece importarle la lluvia.

Pasea por los muelles de Rotherhithe, como ha hecho durante años, durante décadas. Nadie sabe cuántos años lleva haciéndolo porque a nadie le importa. Ella pasea por los muelles o se queda mirando fijamente el mar. Contempla los barcos, que cabecean anclados. Debe de hacer algo para evitar que su cuerpo y su alma se disocien, pero ninguno de los trabajadores del muelle tiene la más remota idea de lo que puede ser.

Te refugias del diluvio bajo el toldo de lona que ha desplegado un velero. Al principio crees que estás solo ahí abajo, porque ella está quieta como una estatua y mira fijamente a través del agua, aunque la cortina de agua no deja ver nada. La otra orilla del Támesis ha desaparecido.

Y entonces te ve. Te ve y empieza a hablar, pero no te habla a ti, oh, no, sino al agua gris que cae del cielo gris al río gris. Y dice:

—Mi hijo quería ser marinero.

Y tú no sabes qué contestar ni cómo contestar. Tendrías que gritar para hacerte oír por encima del rugido de la lluvia, pero ella habla y tú escuchas. Te sorprendes estirando el cuello y
esforzándote para oír sus palabras.

—Mi hijo quería ser marinero.

»Le dije que no se hiciera a la mar. Soy tu madre, le dije. La mar no te amará como yo, ella es cruel. Pero él replicó: oh, madre, necesito ver mundo. Necesito ver el amanecer en el trópico, y ver el baile de la aurora boreal en el cielo ártico, y por encima de todo necesito hacer fortuna y entonces, cuando lo haya conseguido, volveré contigo, te construiré una casa, y tendrás criados, y bailaremos, madre, ya verás cómo bailaremos…

»¿Y qué haré yo en una casa elegante?, le pregunté. Tú y tu palabrería; eres un necio. Le hablé de su padre, que nunca regresó de la mar: había quien decía que murió y lo tiraron por la borda, mientras que otros aseguraban sin pestañear que lo habían visto regentando un prostíbulo en Ámsterdam.

»Tanto da. La mar se lo llevó.

»Cuando tenía doce años, mi hijo se escapó a los muelles y se enroló en el primer barco que encontró; me dijeron que se había ido a Flores, en las Azores.

»Hay barcos de mal agüero. Barcos malos. Les dan una mano de pintura después de cada catástrofe y les ponen un nombre nuevo para engañar a los incautos.

»Los marineros son supersticiosos. Se corre la voz. El capitán de ese barco lo hizo encallar siguiendo las órdenes de sus propietarios, para defraudar al seguro; y luego, después de repararlo y dejarlo como nuevo, lo abordan los piratas; y después coge un cargamento de mantas y se convierte en un barco apestado tripulado por los muertos, y sólo tres hombres lograron llevarlo hasta el puerto de Harwich…

»Mi hijo había embarcado en un barco maldito. Fue en el viaje de vuelta a casa, cuando venía a traerme su sueldo (era demasiado joven para habérselo gastado en mujeres y grog), cuando se desató la tormenta.

»Era el más pequeño del bote salvavidas.

»Dijeron que lo echaron a suertes, pero yo no me lo creo. Él era más pequeño que ellos. Después de ocho días a la deriva en un barco, estaban hambrientos. Y si lo echaron a suertes, hicieron trampa.

»Rebañaron sus huesos, uno a uno, hasta dejarlos relucientes, y se los dieron a su nueva madre, la mar. Ella no derramó lágrimas y los aceptó sin mediar palabra. Es cruel.

»Algunas noches desearía que no me hubiera contado la verdad. Podría haberme mentido.

»Le entregaron los huesos de mi hijo a la mar, pero el primer oficial del barco, que conocía a mi marido y a mí también mejor de lo que creía mi esposo, a decir verdad, se quedó un hueso de recuerdo.

»Cuando regresaron a tierra, todos juraban que mi hijo había muerto en la tormenta que hundió el barco; él vino a verme por la noche y me contó la verdad, y me dio el hueso, por el amor que un día había habido entre nosotros.

»Le dije: lo que has hecho está mal, Jack. Te has comido a tu hijo.

»Aquella noche la mar también se lo llevó a él. Se internó en ella con los bolsillos llenos de piedras, y anduvo mar adentro. No sabía nadar.

»Y yo me colgué el hueso del cuello en una cadena para recordarlos a los dos, por la noche, cuando el viento azota las olas del océano y las arrastra hasta la arena, cuando el viento aúlla entre las casas como el llanto de un bebé.

La lluvia está aflojando y piensas que la mujer ha terminado, pero entonces te mira por primera vez y parece que esté a punto de decir algo.
Ha cogido algo que lleva colgado al cuello y te lo está acercando.

—Mira —dice. Cuando la miras a los ojos adviertes que son tan marrones como el Támesis—. ¿Quieres tocarlo?

Te dan ganas de arrancárselo del cuello y tirarlo al río para que los traperos decidan si se lo quedan o prefieren dejarlo allí. Pero sales tambaleándote de debajo del toldo de lona y el agua de lluvia te resbala por la cara como si fueran las lágrimas de otra persona. 

Neil Gaiman

lunes, 20 de febrero de 2017

#MALDITOS16


A veces necesitamos volver a los lugares donde nos rompemos. Recorrer el camino de regreso al adolescente que fuimos y mirar de frente nuestras heridas, las que se abren cuando nos vemos abocados a elegir quiénes deseamos ser.

#malditos16 emprende ese viaje hacia la identidad a través de las historias de Ali, Dylan, Naima y Rober, cuatro jóvenes que se conocieron en el peor momento de su vida: justo después de querer quitársela. Todos ellos intentaron suicidarse cuando rondaban los dieciséis y ahora, a sus veintipocos, el hospital donde estuvieron internados les propone colaborar en un taller con adolescentes en su misma situación. Acuden con ganas de ser útiles y, a la vez, con miedo de que las grietas se abran y se liberen de nuevo los fantasmas. Monstruos cotidianos de los que apenas se habla. Vidas invisibles –las suyas y las nuestras– que no protagonizan titulares ni ocupan espacio en los medios. Realidades que no existen porque no se nombran y que, sin embargo, todos compartimos. Y es que, aunque nos empeñemos en negarlo, aquellos #malditos16 siguen viviendo bajo el adulto que fingimos ser.

Fernando J. López

                Esta obra de Fernando J. López, y dirigida por Quino Falero, ha sido seleccionada por el Centro Dramático Nacional como un proyecto de Escritos en la Escena: partiendo de un primer borrador, el autor desarrolla y finaliza el texto en el ámbito escénico, trabajando estrechamente con un grupo de intérpretes durante un tiempo determinado.

Algunos de los temas que se abordan, a través de los conflictos y vivencias de los protagonistas, son  acoso escolar, trastornos alimenticios, violencia e identidad de género,  autoestima, falta de expectativas, suicidio, presión familiar… Para abordarlos, cuatro psicólogos expertos participaron en el desarrollo del guion con el afán de crear un texto con realismo absoluto. “Hay que dar recursos a las familias para que interpreten las señales, y a los adolescentes para que tengan agarre, enganches a la vida”, considera el escritor

                Gracias a los flashbacks, donde se recrea la adolescencia de los personajes, vemos una historia en dos tiempos: esa adolescencia (cuando tenían 15 y 16 años) y su juventud (cuando acaban de cumplir 20 y 21), teniendo cada uno de ellos su propia apertura y su propio final. Son cuatro historias de lucha y de superación donde se impone la fuerza de la vida, de la rebeldía y, a través del dolor de las historias de sus personajes, se construye un canto a la vida y a la lucha por encontrar nuestra identidad. Todas las historias de los personajes están basadas en circunstancias reales y son casos de superación de situaciones que, por desgracia, resultan demasiado cotidianas. Con ellas, la obra intenta dar voz a las vidas invisibles, que no aparecen reflejadas en los medios de comunicación:

 Ni una mención en los medios y aun así, el suicidio sigue siendo la segunda causa de muerte entre adolescentes. Lo mismo no hablarlo no está ayudando mucho…

domingo, 19 de febrero de 2017

LA BIBLIOTECA DEL CAPITÁN NEMO

El capitán Nemo se levantó y yo le seguí. Por una doble puerta situada al fondo de la pieza entré en una sala de dimensiones semejantes a las del comedor.

Era la biblioteca. Altos muebles de palisandro negro, con incrustaciones de cobre, soportaban en sus anchos estantes un gran número de libros encuadernados con uniformidad. Las estanterías se adaptaban al contorno de la sala, y terminaban en su parte inferior en unos amplios divanes tapizados con cuero marrón y extraordinariamente cómodos. Unos ligeros pupitres móviles, que podían acercarse o separarse a voluntad, servían de soporte a los libros en curso de lectura o de consulta. En el centro había una gran mesa cubierta de publicaciones, entre las que aparecían algunos periódicos ya viejos. La luz eléctrica que emanaba de cuatro globos deslustrados, semiencajados en las volutas del techo, inundaba tan armonioso conjunto. Yo contemplaba con una real admiración aquella sala tan ingeniosamente amueblada y apenas podía dar crédito a mis ojos.

-Capitán Nemo -dije a mi huésped, que acababa de sentarse en un diván-, he aquí una biblioteca que honraría a más de un palacio de los continentes. Y es una maravilla que esta biblioteca pueda seguirle hasta lo más profundo de los mares.

-¿Dónde podría hallarse mayor soledad, mayor silencio, señor profesor? ¿Puede usted hallar tanta calma en su gabinete de trabajo del museo?

-No, señor, y debo confesar que al lado del suyo es muy pobre. Hay aquí por lo menos seis o siete mil volúmenes, ¿no?

-Doce mil, señor Aronnax. Son los únicos lazos que me ligan a la tierra. Pero el mundo se acabó para mí el día en que mi Nautilus se sumergió por vez primera bajo las aguas. Aquel día compré mis últimos libros y mis últimos periódicos, y desde entonces quiero creer que la humanidad ha cesado de pensar y de escribir. Señor profesor, esos libros están a su disposición y puede utilizarlos con toda libertad.

Di las gracias al capitán Nemo, y me acerqué a los estantes de la biblioteca. Abundaban en ella los libros de ciencia, de moral y de literatura, escritos en numerosos idiomas, pero no vi ni una sola obra de economía política, disciplina que al parecer estaba allí severamente proscrita. Detalle curioso era el hecho de que todos aquellos libros, cualquiera que fuese la lengua en que estaban escritos, se hallaran clasificados indistintamente. Tal mezcla probaba que el capitán del Nautilus debía leer corrientemente los volúmenes que su mano tomaba al azar.

Entre tantos libros, vi las obras maestras de los más grandes escritores antiguos y modernos, es decir, todo lo que la humanidad ha producido de más bello en la historia, la poesía, la novela y la ciencia, desde Homero hasta Victor Hugo desde Jenofonte hasta Michelet, desde Rabelais hasta la señora Sand. Pero los principales fondos de la biblioteca estaban integrados por obras científicas; los libros de mecánica, de balística, de hidrografía, de meteorología, de geografía, de geología, etc., ocupaban en ella un lugar no menos amplio que las obras de Historia Natural, y comprendí que constituían el principal estudio del capitán. Vi allí todas las obras de Humboldt, de Arago, los trabajos de Foucault, de Henri Sainte-Claire Deville, de Chasles, de Milne-Edwards, de Quatrefages, de Tyndall, de Faraday, de Berthelot, del abate Secchi, de Petermann, del comandante Maury, de Agassiz, etc.; las memorias de la Academia de Ciencias, los boletines de diferentes sociedades de Geografía, etcétera. Y también, y en buen lugar, los dos volúmenes que me habían valido probablemente esa acogida, relativamente caritativa, del capitán Nemo. Entre las obras que allí vi de Joseph Bertrand, la titulada Los fundadores de la Astronomía me dio incluso una fecha de referencia; como yo sabía que dicha obra databa de 1865, pude inferir que la instalación del Nautilus no se remontaba a una época anterior. Así, pues, la existencia submarina del capitán Nemo no pasaba de tres años como máximo. Tal vez -me dije- hallara obras más recientes que me permitieran fijar con exactitud la época, pero tenía mucho tiempo ante mí para proceder a tal investigación, y no quise retrasar más nuestro paseo por las maravillas del Nautilus.

Julio Verne, 20000 Leguas de Viaje Submarino

viernes, 17 de febrero de 2017

NO LEA ESTO


El Ayuntamiento de Talavera, Toledo, ha adoptado una medida radical para evitar que los peatones mueran atropellados por cruzar la calle mientras leen sus tuits y responden sus whatsapps. Se trata de poner un cartel en la acera de enfrente que recomienda: “Responde cuando hayas cruzado”. El consejo es bueno, sin duda, pero parece poco probable que llegue a sus destinatarios, los que cruzan mirando el móvil, ya que estarán mirando el móvil, precisamente, en vez de leer el cartel.

El efecto Talavera es una buena metáfora de la brecha digital, ese abismo que supuestamente separa a los jóvenes que han crecido con un ordenador en las manos de los viejos que nunca pasaron de la Olivetti. Si el peatón no lee el cartel, ¿la culpa es del peatón o del que puso el cartel? Si entre los antiguos egipcios los únicos que sabían leer eran los escribas, ¿la culpa es de los egipcios ignorantes o del sádico que inventó la escritura jeroglífica? Si el viejo no sabe usar un ordenador, lo más probable es que la culpa no sea del viejo, sino del programador. Es el efecto Talavera.

La brecha digital es un problema que desaparecerá más temprano que tarde. Para empezar, porque las primeras generaciones que crecieron con el ordenador ya van estando un poco talluditas, y en pocas décadas reemplazarán a los últimos analfabetos digitales en las filas de la tercera edad. Y en segundo lugar, porque las interfaces con el usuario han mejorado de manera drástica durante los últimos 40 años, y seguirán haciéndolo a un ritmo acelerado.

En los últimos años setenta todavía había que programar los ordenadores —unos mamotretos de dimensiones inmobiliarias— usando tarjetas perforadas. La escuela de Telecos de Madrid tenía uno para que los alumnos hicieran las prácticas de primer curso perforando todos esos agujeritos en una pila de cartones. Para manejar aquellos ordenadores no solo había que ser ingeniero, sino también tener la paciencia del santo Job. Luego vinieron esas pantallas de tubos catódicos que te enseñaban unas letras de un horrible verde fosforescente que seguían parpadeando en tu mente mientras dormías, o lo intentabas. Luego llegó el Windows concebido por los genios del MIT y convertido por Bill Gates en una de las mayores industrias de nuestros tiempos. Y la cosa ha seguido yendo a mejor, a mucho mejor, hasta convertir a las máquinas en unos dispositivos muy amigables con el usuario.

Conozco muchas abuelas que, con tal de permanecer en contacto con sus nietos, se manejan de maravilla con sus teléfonos y tabletas. Para ellas no hay brecha digital.

Javier Sampedro, El País 15 de septiembre de 2016

jueves, 16 de febrero de 2017

CERVANTES


Pero… ¿qué es esto?, ¿dónde me hallo?, ¿acaso me han atacado las fiebres de la locura?, ¿aquellas mismas que sufre desde hace siglos mi fiel Don Quijote?

Mas… hasta aquí acude un impetuoso olor a azahar envuelto en cierta bruma, que me hace pensar en un mar cercano. ¡Paréceme estar en un teatro en el que soy un actor, y a fe mía que ésta no es mi profesión. Pero… voy a presentarme como corresponde a un hidalgo que se precie de serlo.
Yo soy Miguel de Cervantes Saavedra y nací en Alcalá de Henares, cerca de Madrid. Dicen los que de mi vida saben mucho, que soy el máximo representante de las letras españolas.

En cuanto a mi vida, está llena de aventuras, tanta o más que las de mis personajes. Fui un chaval rubiales, inquieto y… algo tímido a causa de mi tartamudez, pero era tal mi afición a la lectura que conseguí corregirlo leyendo en voz alta todo papel que caía en mis manos. Incluso los del suelo. Mi espíritu inquieto y aventurero me llevó a Italia. Participé en la Batalla de Lepanto. En fin… “soldado mutilado”, preso en Argel; pero a pesar de ello nunca perderé mi afición por escribir.

¿Os cuento un secreto? Si un día os encontráis algunos de mis libros, sólo tendréis que abrirlo y dejar que las palabras os revelen todo tipo de aventuras. Los libros os hablarán siempre que queráis verlos, yo ahora os hablaré de mis aventuras por esta tierra de Dios. Miradme y encended esa lamparilla inagotable que es la imaginación.

 Milagros Camacho Muñoz, Aventuras y Desventuras de un Hidalgo de La Mancha

miércoles, 15 de febrero de 2017

EL ATLAS DE LAS NUBES

En esta novela, David Mitchell nos cuenta seis relatos ambientados en distintos momentos de la historia.

El primero es el diario de Adam Ewing, cuando en 1850 regresa a Francisco desde unas islas del Pacífico; en ese viaje, el Dr. Henry Goose le envenena para robarle varios objetos valiosos.

                Luego encontramos las cartas que el joven compositor Robert Frobisher en 1931 envía a su amante Rufus Sixsmith. Frobisher, que ha sido desheredado, se introduce como copista en el hogar del famoso compositor Vyvyan Ayrs, su seductora esposa y su joven hija… Allí compondrá su obra maestra, el sexteto El Atlas de las Nubes.

                En  la siguiente historia, que tiene lugar en San Francisco, en 1973, la periodista Luisa Rey intenta destapar, gracias a  un anciano Rufus Sixsmith, una red de avaricia y crimen que pondrá en peligro su vida…

                Lo siguiente son las memorias de Timothy Cavendish, un editor de 65 años de edad, en Inglaterra a comienzos del siglo XXI, que ha publicado la autobiografía Sándwich de Nudillos del mafioso Dermott Hoggins, quien asesina a un crítico literario y es enviado a la cárcel. A partir de este momento, Cavendish se forra, pero comienzan los problemas.

La quinta historia es la entrevista a Sonmi-451, una mujer fabricada por ingeniería genética, antes de su ejecución.

La sexta historia, la central, es la narración oral, en un Hawai posapocalíptico, de Zachry, un nativo acosado por las visiones del diablo Viejo Georgie. Éste guiará a Merónima hasta el Mauna Kea, una montaña sagrada, donde encontrarán el pasado de la raza humana y  ¿su futuro?

Un rasgo común de todos los personajes protagonistas de esta historia coral es que luchan contra algo más grande que ellos, que les presiona y les impide ser libres. Otros temas que podemos encontrar son el amor, la lucha por el poder, la culpabilidad. Además, cada relato, excepto el central, queda inconcluso y sólo vemos su final una vez terminada la sexta historia, en orden inverso al que los hemos leído. Cada historia tiene distinto tono y distinta forma, siguiendo las líneas de su género, cada una de ellas perfectamente ambientada en un lugar y época distintos: un diario, una serie de cartas, una novela de misterio, las memorias contadas en un tono jocoso, una confesión en un mundo distópico y una narración oral junto a una hoguera en un futuro posapocalíptico, pero están relacionados respecto al anterior de forma sutil, pues los destinos de estos personajes tan distintos están entrecruzados.

Veamos algunas de las formas en que se conectan las distintas historias o sus personajes, Por ejemplo, Frobisher cuenta a Sixsmith en una carta:

Fisgando en una hornacina llena de libros que hay en mi cuarto, he encontrado un curioso volumen desmembrado que quiero que me busques íntegro. Empieza en la página 99, le faltan las tapas y está desencuadernado. Por lo poco que he podido deducir, se trata del diario de un viaje de Sídney a California escrito por un notario de San Francisco llamado Adam Ewing. Hace mención a la fiebre del oro, así que me figuro que data del 1849 o 1850. Parece ser que lo publicó póstumamente el hijo de Ewing (?). Ewing me trae a la mente al tontaina del capitán Delano, del Benito Cereno de Melville, ciego a cuantos conspiran a su alrededor: no se da cuenta de que su fiel doctor Henry Goose es en realidad un vampiro que alimenta su hipocondría para envenenarlo lentamente y apoderarse así de su dinero. En cuanto a la autenticidad, el diario resulta un tanto sospechoso —parece demasiado estructurado para ser verdadero, y el lenguaje suena algo impostado—, claro que, ¿quién se molestaría en falsificar una obra así, y por qué?

La narración se interrumpe de repente, a mitad de una frase, pasadas cuarenta páginas, donde la encuadernación está más gastada; imagínate la rabia que me ha dado. He registrado la biblioteca de arriba abajo en busca del resto de la maldita obra. No ha habido suerte.

Pero hay que recordar que este Sixmith, ya viejo, es quien le confía a Luisa Rey una información demoledora. Sin embargo, la historia de Luisa y Sixmith es parte de un manuscrito que ha llegado a manos de Timothy Cavendish. A su vez, Sonmi-451 vera en un momento una película, cuyo protagonista es Timothy. Y Sonmi será la diosa a la que adora la tribu de Zachry. Con lo cual vemos que la novela está estructurada como si fuera una una matrioska, una muñeca rusa que dentro contiene otra muñeca, y ésta , a su vez, otra, y así sucesivamente.

Os dejo con el tráiler de la película que se basa en esta historia:

martes, 14 de febrero de 2017

SEASONS OF LOVE


Five hundred twenty-five thousand six hundred minutes
Five hundred twenty-five thousand moments so dear
Five hundred twenty-five thousand six hundred minutes
How do you measure, measure a year?

In daylights, in sunsets
In midnights, in cups of coffee
In inches, in miles
In laughter, in strife

In five hundred twenty-five thousand Six hundred minutes
How do you measure a year in the life?

How about Love?
How about Love?
How about Love?
Measure in love

Five hundred twenty-five thousand six hundred minutes
Five hundred twenty-five thousand journeys to plan
Five hundred twenty-five thousand six hundred minutes
How do you measure the life of a woman or a man?

In truths that she learned
Or in times that he cried
In bridges he burned
Or the way that she died!

It's time now
To sing out
Though the story never ends
Let's celebrate
Remember a year in the life of friends

Remember the love
Oh, you've got to, you've got to remember the love
Remember the love
You know that love is a gift from up above
Remember the love
Share love, give love, spread love
Measure in love
Measure, measure your life in love

Jonathan Larson

lunes, 13 de febrero de 2017

NUESTRO VIAJE A MADRID


Os dejo con la impresión de Mª Luz (S4B):

Ha sido una excursión interesante.

Con respecto al teatro, lo cierto es que me quedé con ganas de ver alguna obra enteras en vez de solo una escena representativa de diferentes obras, no obstante supieron transmitirnos la esencia y la evolución del teatro en el siglo XX perfectamente, cómo ha ido rompiendo moldes y reflejando la realidad y los males de nuestra sociedad. Algunos sketchs fueron geniales (Tres sombreros de copa), otros dramáticos e intensos (¡Ay, Carmela!). Como dirían Alberto Favero y Nacha Guevara, esa vieja y entrañable showman argentina:

Un ritual que repetimos
sin hacer ningún reproche
en un mundo que inventamos
cuando comienza la noche.
Una sala que está a oscuras,
un escenario desierto,
que habitarán mil figuras,
que te harán soñar despierto.
Y atrás, en los camarines,
comienzan a cobrar vida,
entre afeites y carmines,
los héroes de la partida,
que al espejo le piden su opinión
hasta el momento de alzarse el telón(...)
Un sol de cartón pintado,
un estreno muy ruidoso,
un aplauso prolongado,
un letrero luminoso,
un tango de la Merello,
un telón que es un palacio,
un papel de caramelo,
la vida en muy poco espacio,
esto es teatro.


También me pareció fascinante poder ver la universidad y recorrer sus pasillos (por cierto, por si no lo sabías, ese señor mayor que presentó la obra, ese abuelete, Alfonso, es un viejo profesor mío).

Luego a comer en el centro de Madrid; bueno, comer todos, y de compras algunos. ¡Viva el shoping! Y después, una vez que nos reunimos todos, Gran Vía abajo, deprisa, en dirección al Prado.


El Museo del Prado simplemente me encantó: fue una gozada poder disfrutar de todo aquel arte; lo peor fue que estaba bastante cansada de todo el día y no lo disfruté tanto como hubiera querido (a mí no me mires, que algunas pinturas os las llegue a explicar dos o tres veces). Por si no lo sabías, también en su momento el gaditano Rafael Albertí quedó impresionado

¡El Museo del Prado! ¡Dios mío! Yo tenía
pinares en los ojos y alta mar todavía
con un dolor de playas de amor en un costado,
cuando entré al cielo abierto del Museo del Prado.
¡Oh asombro! ¡Quién pensara que los viejos pintores
pintaron la Pintura con tan claros colores;
que de la vida hicieron una ventana abierta,
no una petrificada naturaleza muerta,
y que Venus fue nácar y jazmín trasparente,
no umbría, como yo creyera ingenuamente!
Perdida de los pinos y de la mar, mi mano
tropezaba los pinos y la mar de Tiziano,
claridades corpóreas jamás imaginadas,
por el pincel del viento desnudas y pintadas.
¿Por qué a mi adolescencia las antiguas figuras
le movieron el sueño misteriosas y oscuras?


domingo, 12 de febrero de 2017

CYRANO DE BERGERAC


fue un personaje real que vivió en la Francia del siglo XVII. De joven adquirió fama de pendenciero y espadachín. Más tarde se dedicaría a las letras. Con el título genérico de El Otro Mundo, Cyrano escribió dos obras que están consideradas como un precedente de la ciencia-ficción. La primera fue Los Estados e Imperios de la Luna e Historia de la República del Sol. Las dos fueron publicadas póstumamente y purgadas por sus amigos para evitar la persecución inquisitorial.

                Tal fue su fama, que en 1897, en París, Edmond Rostand estrena la obra teatral Cyrano de Bergerac, donde crea un personaje inolvidable lleno de contrastes, hábil con la espada y con la palabra, y capaz del sacrificio más grande: quedarse en la sombra mientras regala sus palabras y su ingenio a su rival, el tan apuesto como poco ingenioso Christian, que es quien consigue el amor de la bella Roxana. Es ese Cyrano arrogante, soñador, generoso, impulsivo el que nos interesa hoy 


                Os ofrezco, ya que San Valentín está cercano, una de sus cartas de amor, y un fragmento de la obra de Rostand, donde Roxana…

¿Debo llorar, debo escribir, debo morir?

Vale más que escriba: mi tintero me prestará más tinta que lágrimas mis ojos; y cuando pensase en curarme de la tristeza de vuestra ausencia por mi muerte, no sería por acercarme a vos, pues París está más cerca de Saumur, que Saumur de los Campos Elíseos.

¿Pero qué os escribiría, buenos dioses? Nada, excepto que espero pronto viajar hacia Poitou o hacia el Infierno, que os ruego que consoléis a mis amigos por la pérdida que van a sufrir por vuestra causa y que si deseáis mandarme cualquier cosa, me dirijáis vuestras cartas al cementerio de Saint-Jacques; allí es donde vuestro mensajero tendrá noticias mías: el sepulturero o mi epitafio le informarán del lugar donde estoy y leerá que, no sabiendo dónde encontraros en este mundo, he partido hacia el otro bien seguro de que allí vendríais también vos. Que no os resultará de poco consuelo cuando, para protegeros de las insolencias del Diablo, os encontréis a este otro diablo, señora,

vuestro servidor, De Bergerac

Savinien de Cyrano de Bergerac, Cartas de amor


ROSANA. (En pie, junto a él.) ¡Cada uno de nosotros tiene una herida: yo, la mía... ¡Esta vieja herida, sin embargo, está siempre viva! (Pone su mano sobre el pecho.) ¡Está aquí, bajo una carta de papel amarillento, donde aún se pueden ver lágrimas y sangre!
(El crepúsculo va cayendo.)
CYRANO. ¡Su carta!... ¿No me prometisteis dejármela leer algún día?
ROSANA. Sí. ¿Lo deseáis?... ¿Deseáis leer su carta?
CYRANO. Sí. Quiero leerla... ¡hoy!
ROSANA. (Dándole la bolsita que pende de su cuello.) Tomadla.
CYRANO. (Cogiéndola) ¿Puedo abrirla?
ROSANA. Sí. ¡Podéis leerla también!
(Ella vuelve a su labor y se entretiene replegando y ordenando sus lanas.)
CYRANO. (Leyendo.) «Rosana, adiós. ¡Voy a morir!...
ROSANA. (Deteniéndose asombrada.) ¿Pero en voz alta?
Cyrano. (Continuando su lectura.) «Esta tarde, amada mía, tengo el corazón lleno de amor no expresado... ¡y voy a morir! Nunca, jamás mis ojos embriagados, mis miradas alegres...»
ROSANA. ¡Cómo leéis esa carta!...
 CYRANO. «...alegres de amor, no volverán a besar al vuelo vuestros gestos... ¡os envío en esta carta el beso acostumbrado para que, por mí, él toque vuestra frente! Quisiera gritar...»
ROSANA. (Turbada.) ¡Cómo leéis esta carta!
(La noche cae insensiblemente.)
CYRANO. «y grito: ¡Adiós!»
ROSANA. ¡La leéis...!
CYRANO. «¡Querida! ¡Amada mía! ¡Mi tesoro!...»
ROSANA. (Soñadora.) ¡...Con una voz...!
CYRANO. «¡Amor mío...!»
ROSANA. ¡...Con una voz...! (Se estremece.) Pero... ¡no es la primera vez que yo oigo esa voz! (Se acerca suavemente sin que Cyrano se dé cuenta, pasa por detrás de su sillón, se inclina sin ruido, mira la carta. La sombra aumenta.)
CYRANO. «...Mi corazón no os abandona un instante. Soy y seré siempre, hasta en el otro mundo, el que os ame sin medida, el que...»
ROSANA. (Poniéndole la mano en los hombros.) ¿Cómo podéis leer ahora? ¡Es de noche! (Él se estremece, se vuelve, la ve junto a sí, hace un gesto de emoción y baja la cabeza. Larga pausa. Después, cuando ya la oscuridad es completa, Rosana añade lentamente, juntando las manos.) Y durante catorce años, habéis desempeñado el papel del viejo amigo que viene para ser simpático!...
CYRANO. ¡Rosana!
ROSANA ¿Erais vos?
CYRANO. ¡No, Rosana, no!
ROSANA. Hubiera debido adivinarlo cuando él decía mi nombre.
CYRANO. ¡No! ¡No era yo!
ROSANA. ¡Erais vos!
CYRANO. ¡Os juro...!
ROSANA. Adivino toda esta impostura generosa. ¡Las cartas eran vuestras!
CYRANO. ¡No!
ROSANA. ¡Aquellas palabras amorosas y ardientes eran vuestras!
CYRANO. ¡No!
ROSANA. ¡Aquella voz en la oscuridad era vuestra!
CYRANO. ¡Os juro que...!
ROSANA. Y el alma... ¡el alma era la vuestra!
CYRANO. ¡Yo nunca os amé!
ROSANA. ¡Vos me amasteis!
CYRANO. (Debatiéndose.) ¡Era el otro!
ROSANA. ¡Vos me amasteis!
CYRANO. (Con voz débil.) ¡No!
ROSANA. ¡Ya lo decís más bajo!
CYRANO. ¡No!... No, amor mío... ¡yo nunca os amé!
ROSANA. ¡Ay!... ¡cuántas cosas ya muertas vuelven a renacer... ¿Por qué habéis callado durante catorce años si las lágrimas de esta carta no eran de él sino vuestras?
CYRANO. (Tendiéndole la carta.) ¡Pero la sangre era suya!
ROSANA. Entonces, ¿por qué romper hoy ese sublime silencio?

Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac