martes, 29 de septiembre de 2015

GÉNESIS DE UNA NOVELA

Los descubrí al fondo de la biblioteca, sin buscarlos: veintiocho volúmenes en cuerpo grande, encuadernados en piel de color castaño claro desvaída por el tiempo, maltratada por dos siglos y medio de uso. No sabía que estaban allí —buscaba otra cosa y había estado curioseando en los estantes—, y me sorprendió leer en su lomo: Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné. Se trataba de la primera edición. La que empezó a salir de la imprenta en 1751 y cuyo último volumen vio la luz en 1772. Yo conocía la obra, por supuesto. Al menos, razonablemente. Hasta había estado a punto de comprársela a mi amigo el librero anticuario Luis Bardón cinco años atrás, quien me la ofreció en caso de que otro cliente que la tenía apalabrada se echara atrás. Para mi desgracia —o fortuna, porque era muy cara—, el cliente había cumplido. Era Pedro J. Ramírez, entonces director del diario El Mundo. Una noche, cenando en su casa, la vi orgullosamente expuesta en su biblioteca. El propietario conocía mi episodio con Bardón y bromeamos sobre ello. «Más suerte la próxima vez», me dijo. Pero no hubo una próxima vez. Es una obra rara en el mercado del libro antiguo. Muy difícil de conseguir completa.
El caso es que allí estaba esa mañana, en la biblioteca de la Real Academia Española —ocupo el sillón de la letra T desde hace doce años—, parado frente a la obra que compendiaba la mayor aventura intelectual del siglo XVIII: el triunfo de la razón y el progreso sobre las fuerzas oscuras del mundo entonces conocido. Una exposición sistemática en 72.000 artículos, 16.500 páginas y 17 millones de palabras que contenía las ideas más revolucionarias de su tiempo, que llegó a ser condenada por la Iglesia católica y cuyos autores y editores se vieron amenazados con la prisión y la muerte. Me pregunté cómo esa obra, que durante tanto tiempo había estado en el Índice de libros prohibidos, había llegado hasta allí. Cuándo y de qué manera. Los rayos de sol, que al penetrar por las ventanas de la biblioteca formaban grandes rectángulos luminosos en el suelo, creaban una atmósfera casi velazqueña en la que relucían los añejos lomos dorados de los veintiocho volúmenes en sus estantes. Alargué las manos, cogí uno de ellos y lo abrí por la portadilla interior:

Encyclopédie,
ou
dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers,
par une société de gens de lettres.
Tome premier
MDCCLI
Avec approbation et privilege du roy

Las dos últimas líneas me suscitaron una sonrisa esquinada. Cuarenta y dos años después de aquel MDCCLI, en 1793, el nieto del roy que había concedido su aprobación y privilegio para la impresión de ese primer volumen era guillotinado en una plaza pública de París, precisamente en nombre de las ideas que, desde aquella misma Encyclopédie, habían incendiado Francia y buena parte del mundo. La vida tiene esas bromas, concluí. Su propio sentido del humor.
Hojeé algunas páginas al azar. El papel, inmaculadamente blanco pese a su edad, sonaba como si estuviera recién impreso. Buen y noble papel de hilo, pensé, resistente al tiempo y a la estupidez de los hombres, tan distinto a la ácida celulosa del papel moderno, que en pocos años amarillea las páginas y las hace quebradizas y caducas. Acerqué la nariz, aspirando con placer. Hasta su olor era fresco. Cerré el volumen, lo devolví al estante y salí de la biblioteca. Tenía otras cosas de que ocuparme, pero el recuerdo de aquellos veintiocho volúmenes situados en un rincón discreto del viejo edificio de la calle Felipe IV de Madrid, entre otros miles de libros, no se me iba de la cabeza. Lo comenté más tarde con Víctor García de la Concha, el director honorario, con quien me encontré en los percheros del vestíbulo. Éste me había abordado con motivo de otro asunto —quería pedirme un texto sobre el habla de germanías de Quevedo para no sé qué obra en curso—, pero llevé la conversación a lo que en ese momento me interesaba. García de la Concha acababa de escribir una historia de la Real Academia Española y debía de tener las cosas frescas.
—¿Cuándo consiguió la Academia la Encyclopédie?
Pareció sorprendido por la pregunta. Luego me cogió del brazo con esa exquisita delicadeza suya que, durante su mandato, lo mismo abortaba cismas de academias hermanas en Hispanoamérica —disuadir a los mejicanos cuando pretendieron hacer su propio Diccionario fue encaje de bolillos—, que convencía a una fundación bancaria para financiar siete volúmenes de Obras completas de Cervantes con motivo del cuarto centenario del Quijote. Quizá por eso lo habíamos reelegido varias veces, hasta que se le pasó la edad.
—No estoy muy al corriente —dijo mientras caminábamos por el pasillo hacia su despacho—. Sé que lleva aquí desde finales del siglo dieciocho.
—¿Quién puede orientarme?
—¿Para qué te interesa, si no es mostrarme indiscreto?
—Todavía no lo sé.
—¿Una novela?
—Es pronto para decir eso.
Clavó en mi pupila su pupila azul, un punto suspicaz. A veces, para inquietar un poco a mis colegas de la Academia, hablo de una novelita que en realidad no tengo intención de escribir, pero en la que amenazo con meterlos a todos. El título es Limpia, mata y da esplendor: una historia de crímenes con el fantasma de Cervantes, que vagaría por nuestro edificio haciéndose visible sólo a los conserjes. La idea es que los académicos vayan siendo asesinados uno tras otro, empezando por el profesor Francisco Rico, nuestro más conspicuo cervantista. Ése moriría el primero, ahorcado con el cordón de una cortina de la sala de pastas.
—No estarás hablando de esa polémica novela de crímenes, ¿verdad? La de...
—No. Tranquilo.
García de la Concha, que a menudo es un caballero, se guardó de suspirar aliviado. Pero se le notaba el alivio.
—Me gustó mucho la última tuya. El bailarín murciano. Fue algo, no sé...
Ése era el director honorario. Siempre buen muchacho. Dejó el final de la frase en el aire, dándome una generosa oportunidad para encoger los hombros con la adecuada modestia.
—Mundano.
—¿Perdón?
—Se llamaba El bailarín mundano.
—Ah, sí. Claro. Ésa... Hasta el presidente del gobierno salió el verano pasado en el Hola con un ejemplar encima de la hamaca, en Zahara de los Atunes.
—Sería de su mujer —objeté—. Ése no ha leído un libro en su vida.
—Por Dios... —García de la Concha sonreía evasivo, escandalizado sólo hasta el punto conveniente—. Por Dios.
—¿Alguna vez lo has visto en un acto cultural?... ¿En un estreno teatral? ¿En la ópera? ¿Viendo una película?
—Por Dios.
Eso último lo repitió ya en su despacho, mientras nos acomodábamos en unos sillones. El sol seguía entrando por las ventanas, y pensé que era uno de esos días en que las historias por contar se apoderan de ti y ya no te sueltan. Quizá, me dije, aquella conversación estaba hipotecando mis próximos dos años de vida. A esta edad hay más historias por escribir que tiempo para ocuparse de ellas. Elegir una implica dejar morir otras. Por eso es necesario escoger con cuidado. Equivocarse lo justo.
—¿No sabes nada más? —pregunté.
Encogió los hombros mientras jugueteaba con la plegadera de marfil que suele tener sobre la mesa, en cuyo mango están grabados el mismo escudo y lema que figuran esmaltados en las medallas que usamos en los actos solemnes. Desde su fundación en 1713, la Real Academia Española es una casa de tradiciones, y eso incluye usar corbata en el edificio, tratarnos de usted en momentos oficiales, y cosas así. La costumbre absurda de que no hubiera mujeres se rompió hace tiempo. Cada vez hay más de ellas sentadas en los plenos de los jueves. El mundo ha cambiado, y nuestra institución también. Ahora es una factoría lingüística de primer orden, de la que los académicos no somos sino el consejo rector. La vieja imagen de un club masculino de eruditos abuelos apolillados no es hoy más que un cliché rancio.
—Creo recordar que don Gregorio Salvador, nuestro académico decano, me habló de ello alguna vez —dijo García de la Concha tras pensarlo un poco—. Un viaje a Francia, o algo así... Para traer esos libros.
—Qué raro —no me salían las cuentas—. Si fue a finales del dieciocho, como dijiste antes, la Encyclopédie estaba prohibida en España. Y aún lo estuvo durante cierto tiempo.
García de la Concha se había inclinado hasta apoyar los codos en la mesa y me observaba por encima de los dedos entrelazados. Como de costumbre, sus ojos transmitían una exhortación entusiasta a la acción ajena, siempre que no le complicara a él la vida.
—Quizá Sánchez Ron, el bibliotecario, pueda ayudarte —sugirió—. Él maneja los archivos, y allí están las actas de todos los plenos, desde la fundación. Si hubo viaje para traer los libros, habrá constancia.
—Si se hizo de forma clandestina, lo dudo.
El adjetivo lo hizo sonreír.
—No creas —opuso—. La Academia siempre mantuvo una independencia real respecto al poder, y eso que le tocó vivir varios tiempos difíciles. Acuérdate de Fernando VII, o de los intentos del dictador Primo de Rivera por controlarla... O de cuando, tras la guerra civil, Franco ordenó cubrir las plazas de académicos republicanos que estaban en el exilio, la Academia se negó a ello, y los sillones se mantuvieron sin ocupar hasta que los propietarios exiliados murieron o regresaron a España.
Reflexioné sobre las implicaciones del asunto, en su momento. Las posibles y complejas circunstancias. Aquélla, decía mi instinto, era una buena historia.
—Sería un bonito episodio, ¿verdad? —comenté—. Que esos libros hubieran llegado aquí en secreto.
—No sé. Nunca me ocupé de eso. Si tanto te interesa el asunto, vete a ver al bibliotecario y prueba suerte con él... También puedes acudir a don Gregorio Salvador.
Lo hice. A esas horas tenía picada la curiosidad. Empecé por Darío Villanueva, el director. Que, como gallego en ejercicio que es, me hizo treinta preguntas y no respondió a ninguna de las mías. También él se interesó por la novela de los crímenes, y cuando le dije que en ella moría el profesor Rico me pidió ser el asesino. Igual le daba cuerda de cortina que cuerda de guitarra.
—No puedo prometerte nada —respondí—. Hay cola para lo de Paco: todos quieren serlo.
Me miró persuasivo, con una mano en mi hombro.
—Haz lo que puedas, anda. Me hace ilusión. Te prometo devolver las tildes a los demostrativos pronominales.
Después fui a ver a José Manuel Sánchez Ron, el bibliotecario: un tipo alto, delgado, con el pelo cano y una mirada inteligente que proyecta sobre el mundo con fría lucidez. Fuimos elegidos académicos casi al mismo tiempo, y somos muy amigos. Él cubre la parte Científica de la Academia —es catedrático de historia de la Ciencia— y en esas fechas todavía se ocupaba de nuestra biblioteca. Eso incluía responsabilidad sobre joyas como una primera edición del Quijote, valiosos manuscritos de Lope o de Quevedo, y cosas así que tenemos abajo, en una caja fuerte del sótano.
—La Encyclopédie llegó a finales del siglo dieciocho —me confirmó—. Eso es seguro. Y, desde luego, estaba prohibida tanto en Francia como en España. Allí sólo nominalmente, y aquí de forma absoluta.
—Me interesa saber quién la trajo. Cómo pasó los filtros de la época... Cómo lograron meterla en nuestra biblioteca.
Lo pensó un instante balanceándose en el sillón, medio oculto al otro lado de las pilas de libros que cubrían su mesa de trabajo.
—Supongo que, como todas las decisiones de la Academia, se aprobó en un pleno —dijo al fin—. No creo que algo de tanta trascendencia se hiciera sin el acuerdo de todos los académicos... Así que debe de haber un acta que recoja eso.
Me erguí como un perro de caza que olfatea en el aire un buen rastro.
—¿Podemos buscar en los archivos?
—Claro. Pero las actas no están digitalizadas del todo. Se conservan los originales, tal cual. En papel.
—Si localizamos esas actas, podremos situar el momento. Y las circunstancias.
—¿Por qué te interesa tanto? ¿Otra novela?... ¿Histórica esta vez?
—De momento es curiosidad.
—Pues me pongo a ello. Hablo con la encargada del archivo y te cuento... Y oye, por cierto. ¿Qué es eso de Paco Rico?... ¿Cuentas conmigo para ser el asesino?
Me despedí de él y regresé a la biblioteca. A su añejo olor a papel y cuero antiguos. Los rectángulos de sol de las ventanas habían cambiado de lugar, estrechándose hasta casi desaparecer, y los veintiocho volúmenes de la Encyclopédie estaban ahora en penumbra, en sus estantes. El antiguo dorado de las letras de los lomos ya no relucía cuando pasé los dedos por ellos, acariciando la vieja y ajada piel. Entonces, de pronto, supe la historia que deseaba contar. Ocurrió con naturalidad, como a veces suceden estas cosas. Pude verla nítida, estructurada en mi cabeza con planteamiento, nudo y desenlace: una serie de escenas, casillas vacías que estaban por llenar. Había una novela en marcha, y su trama me aguardaba en los rincones de aquella biblioteca. Esa misma tarde, al regresar a casa, empecé a imaginar. A escribir.

Arturo Pérez Reverte, Hombres Buenos

lunes, 28 de septiembre de 2015

EL CABALLERO DEL CISNE

Antes de dormir, en la oscuridad, me imagino el aspecto de los personajes de la historia. Me imagino a la joven que el rey encuentra en el bosque como una doncella blanca y esbelta, de cabellos de oro y ojos tan dulces que enternecen el corazón del rey hasta el punto de que la toma por esposa. Me imagino a la malvada madre del rey como una bruja de nariz corva y ojos de águila, duros y crueles, pues muy cruel debe ser una abuela que hechiza a sus seis nietos transformándolos en cisnes. Y a la hermanita, quien devuelve su figura humana a cinco de aquellos seis niños hechizados mientras su padre estaba en la guerra, la imagino como una muchacha morena con la mirada centelleante de las hadas. Y sobre todo veo al caballero que en su barca, guiada por su hermano cisne, va por el mundo en defensa de los desvalidos e inocentes... Sí, le veo como un hombre alto, de cabellos rubios, hermoso como un ángel, su cabeza protegida por un yelmo de oro y su pecho por una coraza de plata resplandeciente. Y yo, que he pasado toda mi vida en esta abadía en ruinas, que apenas he visto a otra persona que al hermano Martín, que no conozco nada del mundo, que jamás he empuñado una espada; yo, en la soledad de la noche junto a las llamas mortecinas, sueño con ser un caballero justiciero e invencible como él.

Según cuenta la canción que el hermano escuchó de un juglar cierta vez que fue a visitar la nueva abadía antes de que yo llegara aquí sobre las aguas del río, aquel caballero también llegó por el río en su barquilla arrastrada por su hermano cisne hasta Nimeya, donde la duquesa de Bouillon había acudido al emperador en demanda de justicia contra un traidor que le había arrebatado sus tierras. Y el Caballero del Cisne fue el paladín de la duquesa y venció al usurpador y le devolvió su feudo. Y la noche de su boda el caballero hizo prometer a la doncella que jamás le preguntaría su nombre ni su historia. Y así vivieron felices durante ocho años, y tuvieron una hija que sería la madre del señor Godofredo, el conquistador de Jerusalén. Pero al cabo de los ocho años el Enemigo tentó a la mujer lo mismo que había hecho con nuestra madre Eva, infundiendo en su pecho una invencible curiosidad. Y la duquesa, rompiendo su promesa, preguntó al caballero su nombre, linaje e historia. Y el caballero, muy triste, dijo a la duquesa que había roto su promesa, y que tenía que irse y nunca más le volverían a ver. Y entonces apareció el cisne arrastrando su barquilla, y lanzó un gran grito, y entonces el caballero abandonó el castillo y subiendo en aquella barquilla que arrastraba su hermano el cisne, se alejo por el río perdiéndose para siempre.

Antonio Martínez Menchén, La Espada y la Rosa

                Basándose en en esta leyenda medieval, el compositor alemán Richard Wagner compusó la ópera Lohengrin, de la que os ofrecemos a continuación su overtura:

domingo, 27 de septiembre de 2015

CÓMO APRENDÍ A LEER

Como una niña que se niega a comer lo que le ponen en el plato, la protagonista de este libro no entendía las líneas que pasaban ante sus ojos y escupía las palabras. Le gustaban la brevedad, la música y las imágenes de la poesía, pero obstinadamente se negaba a tragar las grandes novelas. A veces, los planes ideados por su padre, un prestigioso pediatra, la llevaban a leer novelas negras que sí la cautivaban; pero nunca “Madame Bovary“ de Gustave Flaubert, por ejemplo.

Entusiasta y optimista desde bebé, la protagonista —que no es otra que la propia autora, Agnès Desarthe— pensaba que al acceder al lenguaje estaría en condiciones de decirlo todo. Habría una palabra para cada sensación, para cada cosa vista, tan eficaz como el dedo que apunta al cielo con un grito inarticulado y que significa al mismo tiempo: avión, velocidad, flecha, ruido, miedo, belleza, relámpago, cohete, estrella, azul. Pero las palabras, sentía Agnès ya de adolescente, «eran imprecisas, poco numerosas, rígidas y ocupaban mucho espacio». Hasta que todo cambió. Eso sí: muchos años después.

En el libro la autora nos cuenta cómo se negaba a disfrutar de la lectura con gran pesar de su padre que nunca perdió la esperanza, hasta que, ya adulta, descubrió su placer y el valor de las palabras.

sábado, 26 de septiembre de 2015

ESTRELLA CERVANTES

En algún lugar de la constelación Ara, en torno a una estrella sin un nombre propio, sólo conocida por la letra μ, "mu", cuatro planetas trazan sus trayectorias. Alrededor de un autor de fama universal, también giran sus cuatro personajes principales.

Nos proponemos elevar a  Cervantes al estado de un galáctico Apolo, dando su nombre a la estrella central del sistema, mientras que Don Quijote (Quijote), Rocinante, Sancho y Dulcinea se convierten en su escolta planetaria. Quijote (μ Arae b), el protagonista, en una órbita algo excéntrica, como corresponde a su carácter, junto a su fiel compañero Rocinante (μ Arae d), en el centro de la escena. El bueno de Sancho (μ Arae e), el ingenioso escudero, moviéndose lentamente por las ínsulas exteriores del sistema. La Dulcinea encantada (μ Arae c), tan difícil de contemplar para Don Quijote en su verdadera forma, cerca del corazón del escritor.

La importancia de Miguel de Cervantes en la cultura universal no puede ignorarse. Su obra principal, el Quijote, considerada la primera novela moderna de la literatura mundial y uno de los libros más influyentes en todo el canon literario, ha sido calificada en numerosas ocasiones como la mejor obra de ficción jamás escrita. Sin embargo, mientras que Shakespeare ya tiene nombres de sus personajes como satélites de Urano, Cervantes ha sido hasta ahora excluido de las esferas cósmicas. Con esta propuesta, apoyada por el prestigioso Instituto Cervantes, y llegando justo a tiempo para celebrar el 400 aniversario de la publicación de la segunda parte de la novela, reclamamos para el famoso caballero de la Mancha, sus compañeros y su creador el lugar que se merecen entre las estrellas.

En la página Estrella Cervantes encontrarás toda la información.


¿Y es posible conseguir que una estrella se llame Cervantes y sus planetas Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho?

La Unión Astronómica Internacional ha abierto un proceso internacional, que termina el 31 de octubre de 2015, para recibir propuestas y votar cómo se llamarán 20 nuevos sistemas planetarios que se han descubierto estos últimos años. El proceso comenzó a gestarse hace casi un año y esta propuesta ha sido presentada oficialmente por el Planetario de Pamplona (España) y apoyada por la Sociedad Española de Astronomía (SEA) y el Instituto Cervantes para nombrar a la estrella mu Arae y a sus cuatro exoplanetas con el nombre de Cervantes y los de los principales personajes de su novela “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

¿Qué hay que hacer?

Para votar esta propuesta, sigue el procedimiento en este enlace (en inglés):



jueves, 24 de septiembre de 2015

CÓMO CREÉ EL BLOG DE CYRANO

La soledad me devolvió la cara amarga del día. Quise pensar solamente que había encontrado un buen amigo con el que compartir estudios y aficiones, alguien que se refugiaba en los libros, como yo. No pude. Sabía que no me conformaría con palabras que no fuesen pronunciadas cerca de mi oído y que su compañía acabaría avivando unos sentimientos que aún eran insignificantes para lo que podrían llegar a ser.

Me conocía bien: presa fácil de amores imposibles.

Muy parecida a Cyrano.

Habría sido más sencillo digerir esas tres palabras, «es mi novía», si Pablo hubiese resultado ser un tipo superficial o con intereses muy diferentes de los míos. Pero no, parecía inventado para mí por una mano perversa, dispuesta a observar con curiosidad científica los avatares de mi maltrecho amor no correspondido.

También podía huir, aún estaba a tiempo: salir corriendo en dirección contraria, rechazar su propuesta de estudiar juntos, perderme el intercambio de poetas y desplazarme a tomar apuntes a la primera fila de la clase. Pero habría sido como renunciar al postre, como devolver las entradas para un estreno, como no abrir la puerta del salón el día de Reyes.

No me lo quería perder, aunque presumía que el proceso me resultaría doloroso.
En estas cavilaciones andaba, sentada ante mi escritorio, cuando mis ojos se posaron sobre el libro de Cyrano, que aún no había devuelto a Segis. Dudaba si aquel sería el mejor momento para sumergirme en sus páginas y leer las cuitas de un amante desengañado, presa de un amor imposible.

En esa página del libro, Cyrano de $ergerac también aventaba su desventura, transformada en versos dodecasílabos:

Hacia vos mi corazón va como un grito,
y si los besos se enviaran por escrito,
leeríais mi carta con los labios.

Los envidié. A Cyrano y a Segis, capaces de convertir su amor no correspondido en palabras de desahogo. sedantes contra la melancolía. Las frases no pronunciadas se habían convertido en su refugio. Una vez leí que los refugios no valen de mucho, pero no se puede vivir siempre al raso.

Pensé que yo tampoco debía permanecer a la intemperie, con la que me estaba cayendo. Mejor imitar a mis amigos, uno real y otro de ficción, y refugiarme en un espacio solo mío. Yo también escribiría a mi amor imposible.

Era consciente de que, en los tiempos que corren, tiene poco sentido escribir cartas que se van a quedar guardadas para siempre en un cajón olvidado. Adernás, seguro que mi madre las localizaba y se las leía, menuda vergüenza.

Entonces se me ocurrió: lanzar mis cartas al infinito universo de internet, donde hay espacio para casi todo, incluso para crear un refugio personal y privado que en cualquier momento podemos convertir en público.

Crearía un blog. Y eso hice: El blog de Cyrano. Pasé el resto de la tarde escribiéndolo. No le daría a nadie la dirección, aunque quizá alguien entrase allí por casualidad y lo leyese. Era una posibilidad, remota, pero una posibilidad. Desde luego, no sería la persona para quien escribí esas cartas, pero podría ser también un interlocutor válido. Escribiría sin la esperanza de que los ojos de Pablo se posasen en mis palabras. Representaría el papel de amiga fiel y me guardaría para el blog todo lo inconfesable.

Querido Pablo:

Me gusta tu nombre. Suena como el agua cuando cae en los charcos y la tierra comienza a oler con la humedad del verano. Estoy soñando, imagino que eres como yo te he pintado: alegre y tierno, cómplice y enamorado. Si quisieras coger mi mano, te enseñaría los atardeceres desde el templo de Debod y te pasearía por las noches llenas de luces de Alcalá; te llenaría las manos de recuerdos y los pies de pasos perdidos por calles trazadas con abrazos. Pero no sé quién eres, querido Pablo, y por eso esta carta dormirá en este blog para siempre: no podría enviártela, ni tan siquiera sin firma.

Tu amiga, hoy,

Sofía

Rosa Huertas, El Blog de Cyrano

miércoles, 23 de septiembre de 2015

EL EFECTO PAVOROSO DE LOS ESTÍMULOS AUDIOVISUALES EN LA EDUCACIÓN

Al nocivo desinterés que los nuevos sistemas pedagógicos muestran hacia la cultura del esfuerzo, se une ahora un preocupante problema que afecta directamente a la educación. Derivado del desarrollo de las nuevas tecnologías y del cambio de roles que sociológicamente están sufriendo las familias, los especialistas han empezado a levantar la voz de alarma sobre el abuso que hacen los adolescentes de los dispositivos electrónicos. Los últimos estudios realizados por instituciones norteamericanas, de los que se ha hecho eco nuestro periódico, establecen una relación directa entre el número de horas que los estudiantes están expuestos a las cinco pantallas (televisión, móvil, 'tablet', ordenador y consolas) y sus calificaciones escolares.

Además de los reconocidos problemas de salud que este sedentarismo tecnológico provoca (incremento de la obesidad, diabetes, alteración del sueño...) existe otro, de carácter psicológico y relacionado con la capacidad de atención, que perjudica gravemente el rendimiento académico. Ver la televisión o jugar con las consolas o las 'tablets' es infinitamente más fácil que leer un libro, por ejemplo. Y al renunciar a ese esfuerzo, el alumno adopta hábitos que afectan a lo que algunos psicólogos llaman "atención sostenida", es decir, la capacidad de concentración intelectual ante la lectura o las explicaciones de un profesor en el aula.

Pero este problema, que no siempre la escuela ayuda a solucionar, al transformar en muchas ocasiones el proceso de aprendizaje e instrucción en un acto lúdico que incluye también el uso de estos dispositivos, se agrava en el hogar. Se conoce ya como "paternidad pasiva" la escasa responsabilidad con la que los padres afrontan la educación de sus hijos -que delegan en la escuela- y el uso de la tecnología como 'niñera' desde edades tempranas. Bien por comodidad u obligados por las circunstancias las pantallas suponen un recurso fácil con el que sustituir la falta de atención y cuidados que requiere la educación de los hijos. Sin embargo, la sociedad en su conjunto haría mal si no tuviese en cuenta la gravedad del problema. Entre todos debería hacerse un esfuerzo por intentar reducir el tiempo que los niños y adolescentes están expuestos a las cinco pantallas, que en lugar de estimularles les atonta.

El Mundo, 05/09/2015

martes, 22 de septiembre de 2015

HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL (VERSIÓN ILUSTRADA)

Harry Potter se ha quedado huérfano y vive, en un cuartucho bajo las escaleras, en casa de sus abominables tíos y del insoportable primo Dudley. Harry se siente muy triste y solo, hasta que un buen día recibe una carta que cambiará su vida para siempre. En ella le comunican que ha sido aceptado como alumno en el colegio interno Hogwarts de magia y hechicería.

A partir de ese momento, la suerte de Harry da un vuelco espectacular. En esa escuela tan especial aprenderá encantamientos, trucos fabulosos y tácticas de defensa contra las malas artes. Se convertirá en el campeón escolar de quidditch, especie de fútbol aéreo que se juega montado sobre escobas, y se hará un puñado de buenos amigos... aunque también algunos temibles enemigos. Pero sobre todo, conocerá los secretos que le permitirán cumplir con su destino.

Todos conocemos la obra de J. K. Rowling, pero el próximo 6 de octubre nos espera en las librerías (yo ya lo tengo reservado) una nueva edición del primer libro de la saga del niño que sobrevivió. Esta vez es ilustrada, labor que ha recaído en el artista británico Jim Kay, quien con su pincel y colores ha recreado el universo de Harry Potter. El libro hará la delicia de los fans más  incondicionales y también de aquellos muggles que todavía no se han acercado a la serie, ya sea en los libros, ya en las películas. Se espera que los siguientes títulos salgan al ritmo de uno por año.




lunes, 21 de septiembre de 2015

UNA BIBLIOTECA


¿ALICIA?


Oxford, Inglaterra, julio de 1863

Como todo el mundo pensaba que se lo había inventado, ella había recibido más insultos y burlas por parte de los otros niños, más sermones y castigos por parte de adultos de los que cualquier muchacha de once años debería tener que soportar. Pero ahora, después de cuatro años, se le presentaba la mejor y última oportunidad de demostrarles a todos que decía la verdad. Un profesor universitario se había tomado su historia lo bastante en serio para escribir un libro sobre ella.

Ella estaba sentada en una manta, a orillas del río Cherwell, junto a una cesta que contenía los restos de una merienda campestre colocada junto al codo del pastor Charles Dodgson. La niña sostenía un libro entre las manos. Lo había escrito e ilustrado él mismo, según le había dicho. El volumen tenía un peso agradable, parecía sustancioso. Estaba envuelto en papel de embalar y atado con cinta negra. Dodgson la observaba, ansioso. Edith y Lorina, las hermanas de ella, estaban intentando atrapar pececillos al borde del agua. Ella desató el lazo y desenvolvió el libro con cuidado.

—¡Oh! —¿Las aventuras de Alicia bajo tierra? ¿Qué clase de título era ése? ¿Por qué había escrito así su nombre? Le había deletreado su nombre a Dodgson, incluso se lo había escrito para que lo viera—. «¿Por Lewis Carroll? » —leyó en voz alta con inquietud creciente.

—Me pareció más festivo que decir que el autor es un pastor anglicano.

¿Festivo? Poco de lo que ella le había contado era festivo. Su inquietud empezaba a ceder el paso al temor. Lo que importaba de verdad era que él hubiera transcrito fielmente sus experiencias en Marvilia, tal como ella las recordaba.

Abrió el cuaderno y admiró sus páginas toscamente cortadas, la esmerada caligrafía. Pero la dedicatoria era un poema en el que volvía a aparecer su nombre mal escrito, y aquellas rimas alegres no le parecieron apropiadas, teniendo en cuenta el material que introducían. Una de las estrofas le llamó especialmente la atención:

Esa niña soñada, que recorre un mundo
nuevo e inexplorado, de hermosas maravillas,
en el que hasta los pájaros y las bestias hablan
con voz humana, y casi nos parece real.

¿«Niña soñada»? ¿Y a qué se refería con eso de que «casi nos parece real»?

Comenzó a leer el capítulo primero y de inmediato sintió que la vaciaban por dentro, como uno de los medios pomelos que el decano Liddell se comía cada mañana en el desayuno, y de los que sólo dejaba la piel hueca y unos restos pulposos. ¿Por la madriguera de un conejo? ¿De dónde había salido ese conejo apresurado?

—Alice, ¿ocurre algo?

Ella saltaba de un párrafo a otro al tiempo que pasaba las páginas rápidamente. El estanque de las Lágrimas, la oruga, su tía Roja... Todo aparecía deformado, reducido a una sarta de disparates.

—Ha convertido al general Doppelgänger, el comandante del ejército real, en dos gorditos con gorros de colegiales.

—Reconozco que me tomé algunas libertades con tu historia, para que fuera nuestra, de los dos, tal y como te prometí. ¿Reconoces al mentor que me describiste una vez? Es el personaje del conejo blanco. Se me ocurrió la idea al descubrir que las letras del nombre del mentor se podían cambiar de lugar para formar las palabras «conejo blanco». Mira, te lo enseñaré.

Dodgson sacó un lápiz y una libreta pequeña del bolsillo interior de su abrigo, pero ella no quería mirar. En efecto, él le había prometido que el libro sería de los dos, y esto le había dado fuerzas a ella; fuerzas para sobrellevar las humillaciones que implicaba sostener una verdad en la que nadie más creía. Pero lo que tenía en sus manos era algo totalmente ajeno a ella.

—¿Quiere decir que lo ha hecho a propósito? —preguntó.

El sonriente gato de Cheshire. La merienda de locos. El pastor había transformado sus recuerdos de un mundo henchido de orgullo, posibilidades y peligros en un universo de fantasías, en tonterías para niños. No era más que uno de tantos incrédulos, y esto (este libro absurdo y ridículo) era su forma de burlarse de ella. Nunca se había sentido tan traicionada en toda su vida.

—¡Ahora nadie me creerá! —chilló—. ¡Lo ha echado todo a perder! Es usted el hombre más cruel que he conocido, señor Dodgson, y si creyera usted una sola palabra de lo que le conté, sabría que eso significa que es terriblemente cruel. ¡No quiero volver a verle! ¡Nunca, nunca, nunca!

Arrancó a correr, dejando a Edith y Lorina, que tendrían que apañárselas solas para regresar a casa, y dejando al pastor Dodgson —quien consideraba que los niños eran espíritus recién modelados por las manos de Dios, seres de sonrisa divina, y creía que no había empeño más noble que el de concentrar todas sus energías en una tarea cuya única recompensa era el susurro agradecido de una niña y el roce ligero de sus labios puros— atónito, preguntándose qué había ocurrido.

El pastor recogió el libro, que aún conservaba el calor de los dedos de Alice Liddell, sin saber que ya nunca volvería a estar tan cerca de ella.

Frank Beddor, La Guerra de los Espejos

domingo, 20 de septiembre de 2015

RUDYARD KIPLING: ALGO DE SÍ MISMO

Coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento del autor de El Libro de la Selva y El Hombre que Pudo Ser Rey, la Biblioteca Nacional acaba de inaugurar la exposición Rudyard Kipling (1865-1936): Algo de sí mismo, que puede visitarse hasta el 7 de noviembre en la antesala del Salón de Lectura de la sede principal de la institución, en Madrid.

La muestra bibliográfica incluye numerosos ejemplares de las obras del Nobel de Literatura, un escritor de enorme talento e imaginación que cultivó con maestría tanto la narrativa larga como la corta, con novelas y cuentos, sin olvidarse de la poesía, a través de composiciones como su famoso 'Si...' incluido en su poemario 'Hadas y recompensas'. Distintas ediciones de sus libros de viajes así como de su autobiografía inacabada ('Algo de mí mismo') también tienen presencia en la exposición.

Su obra alcanzó fama mundial, siendo traducida a numerosos idiomas y, en 1907, la Academia Sueca reconoció la calidad y originalidad de su obra otorgándole el Nobel de Literatura, siendo el laureado más joven hasta la fecha con tan solo 42 años.

                Aquí tenéis su poema Si, y en el vídeo la versión recitada del actor Harvey Keitel:

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice "!Continuad!".
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío. 


viernes, 18 de septiembre de 2015

LAS PRUEBAS

           
Enviado por Pedro

Es el segundo libro de la trilogía literatura juvenil de distopía y ciencia ficción El Corredor del Laberinto escrito por James Dashner.

Resolver el laberinto se suponía que era el final. No más pruebas, no más huidas. Thomas creía que salir significaba que todos recobrarían sus vidas, pero ninguno sabía a qué clase de vida estaban volviendo. Árida y carbonizada, gran parte de la tierra es un territorio inservible. El sol abrasa, los gobiernos han caído y una misteriosa enfermedad se ha ido apoderando poco a poco de la gente. Sus causas son desconocidas; su resultado, la locura.

Entretanto, Teresa ha desaparecido, la organización CRUEL les ha dejado un mensaje, un misterioso chico ha llegado, Aris, que les habla de un grupo B compuesto solo por chicas y alguien ha tatuado unas palabras en los cuellos de los clarianos. La de Minho dice «el líder»; la de Thomas, «el que debe ser asesinado».

Tienen que llegar a un refugio seguro yendo hacia el norte por una ciudad abandonada llena de infectados del Destello, su acicate es que han sido infectados y que en el refugio recibirán la cura para evitar volverse “Idos”. El territorio que deben atravesar es conocido como “La Quemadura” y estaría situado en algún lugar de lo que antes era México.

En la ciudad encuentran a unos inesperados aliados infectados por el Destello: Brenda y Jorge. Con ellos firmarán una tensa tregua con el compromiso de llevarlos al refugio y recibir la cura. Pronto Thomas se debatira entre la reaparición de una hostil Teresa y la extraña relación que va surgiendo entre él y Brenda.

El ritmo de Dashner es agil, con lo que consigue una lectura rápida al darle una mayor importancia a la acción. Sigue un esquema que se va repitiendo: Thomas está en situación de peligro, aparece alguien que lo salva, sus compañeros, Brenda… Los diálogos son cortos, directos. La psicología de los personajes apenas está desarrollada. Muchos de ellos tan sólo son un nombre que se nos da nada más morir; Aris, por ejemplo, desaparece tras su llegada.

jueves, 17 de septiembre de 2015

ESTOY MUERTO, LO SÉ;

Estoy muerto, lo sé; tan muerto como Mario. Sigo respirando, me muevo, como, duermo, hablo, escribo, pero soy un cadáver que se niega a aceptar lo inevitable y finge vivir una vida ficticia, como un fantasma.

¿Alguna vez habéis tenido problemas? Hablo de problemas de verdad, no de chorradas; hablo de esa clase de problemas que te hunden en la mierda tan profundamente que haría falta un batiscafo para sacarte de ella. ¿Sabéis lo que es eso? No, qué va; ni siquiera conocéis el auténtico significado de la palabra «problemas».

Pero yo sí; soy el campeón mundial de los problemas, récord Guinness de la especialidad. Por ejemplo, no puedo hablar por teléfono, ni por un fijo ni por un móvil, y tampoco puedo navegar por Internet, porque enviar un simple correo electrónico sería como firmar mi sentencia de muerte. No me atrevo a caminar por las calles por miedo a que alguna cámara de seguridad capte mi imagen, ni me atrevo a usar una tarjeta de crédito, aunque lo cierto es que ya no tengo crédito. Debo mantenerme siempre oculto, porque asesinos a sueldo me persiguen para matarme y, además, la policía me busca como responsable de varios asesinatos y violaciones.

No está mal para un estudiante de veintidós años, ¿verdad?

¿Serviría de algo que os jurase que jamás he matado ni violado a nadie?

¿Me creeríais si os dijese que no tengo la culpa de nada, que todo ha sido por azar, que si estoy metido en este lío es única y exclusivamente porque hace años Mario y yo fuimos compañeros de clase? Supongo que no. Pero permitidme al menos que os cuente mi historia, el relato de cómo un estudiante de periodismo acabó convirtiéndose en un prófugo condenado a muerte.

Empecemos por mi nombre: me llamo Óscar Herrero y todo comenzó…

César Mallorquí, La Estrategia del Parásito


PREMIO CERVANTES CHICO 2015

miércoles, 16 de septiembre de 2015

MALEDUCADOS

Nos hacen forrar los libros escolares de los hijos como si su intención fuera que les sirvieran a los hermanos al curso siguiente.

Les dividen en aulas por orden alfabético como si el abecedario fuera más importante que el latido.

Te dan un calendario con un principio y un fin, como si esta vez -de verdad- empezara algo nuevo.

Y luego estamos la mayoría de los padres, sobreprotectores, tramposos, en rendición, tan cínicos, subcontratando en la tarea de educar y a menudo maleducados.

Es el día de la marmota que trae septiembre, una inmensa representación coral protagonizada por un montón de niños en la que ya sabes cómo concluye la obra, porque todos los años es el mismo belén: chavales que terminan sin saber más, la escuela como una deshumanizada cadena de montaje, el becerro de oro que es el aprendizaje memorístico, el sacrificio de los mejores alumnos en el altar de la masa torpe y esa imagen reveladora: la enseñanza varada en la playa de la escuela, como una enorme ballena que hubiera perdido definitivamente el norte y ya sólo esperase la muerte.

Me sucedió este verano. Conocí a una chica de 22 años que estaba estudiando Magisterio y que soñaba con dedicar sus días a estar rodeada de niños. "¿Y qué lees ahora?", le pregunté entusiasmado. Tras un silencio incómodo, la respuesta cayó como una maza: "Bueno, es que a mí leer... me aburre un montón".

(...)

Digo aquí que no sólo le debo la vida a mis padres. También le debo la vida a mi mejor maestro. Lo hemos hablado él y yo, apurando unas cañas en un bar de Carabanchel, donde sólo nos falta tomar apuntes en la servilleta como el que hace una alineación de fútbol.

Una clase en la que en vez de hablar de la entrada que hizo Gerard Piqué se hablara de las patadas de la reportera húngara Petra Laszlo. Una escuela donde se aprendiera menos pero mejor, donde menos fuera más. Un quehacer más lento y más hondo. Unas lecciones con menos dogmas y muchas más dudas. Un sistema que no tuviera el libro como tarea y la televisión como recompensa (Pennac).

En su incalculable 'Juan de Mairena', Antonio Machado (a un amigo de los buenos le he llegado a escuchar que citar a Machado es de simples) nos dictaba al modo del viejo profesor: "Aprendió tantas cosas -escribía mi maestro, a la muerte de un amigo erudito-, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas".
Pedro Simón, El Mundo 12/09/2015 

martes, 15 de septiembre de 2015

EL PAISAJE CÓSMICO

Enviado por Julia:

¿Puede explicar la ciencia el hecho extraordinario de que el universo parece estar sorprendentemente bien diseñado para nuestra propia existencia?

En este libro, Leonard Susskind, uno de los padres de la teoría de cuerdas (para algunos la gran esperanza actual de una teoría de todo), aborda ésta fundamental pregunta diseñando un escenario, un «paisaje cósmico», en el que no tienen cabida elementos extra científicos como los que utilizan todos aquellos que propugnan un «diseño (y diseñador) inteligente».

«Creo firmemente —escribe Susskind que la ciencia real requiere explicaciones que no incluyan agentes sobrenaturales. Y, al igual que creo que el ojo evolucionó por mecanismos darwinianos, creo que los físicos y los cosmólogos también deben encontrar una explicación natural de nuestro mundo, incluyendo los admirables y felices accidentes que conspiraron para hacer posible nuestra propia existencia».

Para argumentar este conmovedor canto a la racionalidad, Susskind despliega su experiencia en la primera línea de la investigación en la física de altas energías y en la cosmología, ofreciéndonos, al tiempo que desarrolla sus originales tesis (que integra en la biología evolutiva), una amplia visión de la física actual, desde los diagramas de Feynman hasta los universos burbuja.

lunes, 14 de septiembre de 2015

EL MUNDO SUTIL

Al abrir este libro, has entrado, aunque solo mentalmente, en otro nivel de realidad. Tu cuerpo sigue cómodamente instalado en el Mundo Tangible, pero una parte de tu mente ya está aquí, y si sigues leyendo te adentrarás en un mundo lleno de sorpresas y aventuras, pero también de peligros.

Este libro es como un mapa de una región del Mundo Sutil. Sus páginas se corresponden con un determinado lugar de ese mundo, y, al leerlas, te situarás mentalmente en ese lugar. Si tu mente es frágil, tal vez resulte perturbada por alguna de las cosas con las que tendrá que enfrentarse. Si tu mente es confusa, tal vez quede atrapada en alguna de las trampas que hallará en su camino.

Antes de seguir leyendo, contesta con toda sinceridad a estas tres preguntas:

¿Crees que es mejor sufrir una injusticia que cometerla?

¿Crees que la razón es mejor que la fuerza?

¿Crees que la amistad es mejor que la riqueza?

Laberinto

Si has contestado afirmativamente a las tres peguntas puedes seguir leyendo. De lo contrario es preferible que cierres este libro y no vuelvas a abrirlo

Carlo Frabetti, El palacio de las cien puertas

domingo, 13 de septiembre de 2015

LA RUTA DE LOS CUENTOS DE HADAS

Recorre unos 600 kilómetros desde Hanau, en el centro de Alemania, hasta Bremen, al norte. En estas regiones nacieron, vivieron y trabajaron los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm que recopilaron y escribieron algunos de los más famosos cuentos para niños. Recomendamos visitar:

HANAU, ciudad natal de los hermanos Grimm y donde se celebra el festival de cuentos de hadas en el Palacio de Philippsruhe, de mayo a julio.

STEINAU A. D. STRASSE, ciudad donde pasaron parte de su infancia. El edificio donde su padre trabajó se conoce como la casa de los cuentos de hadas. En el castillo se encuentra el  Grimm Museum. Hay un pequeño teatro de marionetas, donde se ofrecen representaciones de los cuentos.

AISFELD, en cuyo traje regional se inspiraron para el vesturio de la Caperucita Roja, a pesar de que situan su historia en la localidad de SCHWALMSTADT.


MARBURG, una de las ciudades medievales mejor conservadas del país, donde los hermanos Grimm fueron a la Universidad y comenzaron su investigación sobre relatos populares y los mitos locales que inspiraron sus libros.

BAD WILDUNGEN, ciudad balneario con el palacio Friedrichshein. Cuenta la leyenda que en este palacio vivió Margarethe von Waldeck, que murió envenenada muy joven (hecho que inspiró Blancanieves y los siete enanitos). Cerca se encuentra Bergfreiheit, poblado minero fundado por el hermano de Margarethe, donde se puede visitar una antigua mina de cobre con su museo y la casa de Blancanieves.  


KASSEL, considerada la capital de la ruta de los cuentos de hadas. Aquí, los hermanos Grimm trabajaron como bibliotecarios en la corte de Jerónimo Bonaparte, el hermano pequeño de Napoleón. Destaca el Brüder Grimm Museum, que ocupa 5 salas del Palacio Bellevue, donde los hermanos Grimm vivieron y trabajaron.

EL CASTILLO DE SABABURG, más conocido como el castillo de La Bella Durmiente, antigua fortaleza que hoy es un hotel de lujo
.
TRENDELBURG, donde se encuentra la torre de Verdezuela, desde cuya ventana, Rapunzel le lanzaba al príncipe su larga trenza de cabellos de oro para que pudiera llegar hasta ella.



POLLE, en los restos de su castillo tuvo lugar el baile entre Cenicienta y el príncipe. Además, los terceros domingos de cada mes se realiza en el pueblo una función de la Cenicienta.

HAMELIN, la ciudad de los ratones y el flautista. Varios días a la semana se representa el cuento  por sus calles.


BREMEN donde los cuatro animales protagonistas del cuento están presentes por toda la ciudad.