miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA VIDA POR DELANTE

Hace muchos, muchos años, un profesor, aunque más que profesor fue maestro por el poso que dejo en mí y en muchos de mis compañeros, nos enseñó que todo poema tiene un ritmo, tiene una música interna que hemos de encontrar para disfrutar plenamente de él.

Siguiendo esta idea, Gabriel Sopeña se dedica a musicalizar poemas y ha hecho arreglos excelentes con textos de autores muy conocidos. En algunos de estos proyectos ha llegado a embarcar a José María Sanz, Loquillo, (su último trabajo discográfico conjunto ha sido Su Nombre Era el de todas la Mujeres, a partir de poemas de Luis Alberto de Cuenca). 

Os dejo una muestra de su primer disco, La Vida por delante:

PREGUNTA AL MÁS ALLÁ
Pedro Salinas

¿Por qué pregunto dónde estás,
si no estoy ciego.
si tú no estás ausente?
Si te veo ir y venir, a ti, 
a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.

Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.



NIÑA MORENA Y ÁGIL
Pablo Neruda

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, 
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, 
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos 
y tu boca que tiene la sonrisa del agua. 
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras 
de la negra melena, cuando estiras los brazos. 
Tú juegas con el sol como con un estero 
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos. 
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca. 
Todo de ti me aleja, como del mediodía. 
Eres la delirante juventud de la abeja, 
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga. 
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, 
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. 
Mariposa morena, dulce y definitiva 
como el trigal y el sol, la amapola y el agua. 


NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Jaime Gil de Biedma

Que la vida iba en serio 
uno lo empieza a comprender más tarde ­
como todos los jóvenes, yo vine 
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería 
y marcharme entre aplausos ­
envejecer, morir, eran tan sólo 
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo 
y la verdad desagradable asoma: 
envejecer, morir, 
es el único argumento de la obra. 


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