domingo, 26 de febrero de 2017

DON JUAN: CARNAVAL


Va a empezar el carnaval,
los tambores sonarán.
Todo el mundo con disfraz
y en la cara el antifaz.
Vengan todos a gozar,
viene ya el carnaval.
Y te podrás deleitar
con el cura del lugar,
y podremos criticar
al hombre más principal;
no los reconocerás.
Ocultemos ya nuestra faz.

                Con esta letra da comienzo Don Juan, Un Musical a Sangre y Fuego, entremezclándose con los primeros versos de la obra de Zorrilla


D. JUAN.
¡Cuán gritan esos malditos!
Pero, ¡mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!
(Sigue escribiendo.)

BUTTARELLI. (A CIUTTI)
Buen carnaval.

CIUTTI. (A BUTTARELLI.)
Buen agosto
para rellenar la arquilla.

BUTTARELLI.
¡Quia! Corre ahora por Sevilla
poco gusto y mucho mosto.
Ni caen aquí buenos peces,
que son cosas mal miradas
por gentes acomodadas
y atropelladas a veces.

CIUTTI.
Pero hoy...

BUTTARELLI.
Hoy no entra en la cuenta,
Ciutti: se ha hecho buen trabajo.

CIUTTI.
¡Chist! Habla un poco más bajo,
que mi señor se impacienta
pronto.


                Sólo me queda por deciros, que las imágenes que acompañan al texto pertenecen al comic adaptado por Begoña Oro y editado por SM, y que disfrutéis con el comienzo del musical:

viernes, 24 de febrero de 2017

EL CARNAVAL DE LOS ANIMALES


Es una suite musical en 14 movimientos compuesta en 1886 durante unas vacaciones del compositor francés Camille Saint-Saëns en un pueblo austríaco. Se trata de una composición humorística -a modo de collage musical de obras del propio autor (La Danza Macabra) y de antiguas canciones francesas o piezas tan conocidas como el Can-Can de Jacques Offenbach, la Danse des Sylphes de Hector Berlioz o El Sueño de una Noche de Verano de Felix Mendelssohn. La obra está pensada para interpretarla en una fiesta de carnaval, ya que los personajes son animales diversos: leones, tortugas, elefantes, gallinas, canguros… Por deseo de Saint-Saëns, se estrenó después de su fallecimiento y llegó a ser una de sus obras más exitosas.

José Antonio Abad ha creado un texto literario para acompañar la interpretación musical de la orquesta Academy of London, que se va intercalando en cada página. El relato recrea el ambiente de solemnidad de la celebración y describe la llegada de los invitados, conformando una postal de biodiversidad, en la que no faltan elementos fantásticos. Las ilustraciones de João Vaz de Carvalho complementan el espíritu lúdico de este libro, con figuras caricaturescas.


Aquel era un día muy especial.
Bajo un sol espléndido y un aire suave.
Se estaban ultimando los detalles
para la celebración del cumpleaños del León,
el Rey de los animales.
Muy de madrugada, una enorme bandada de aves voladoras
había llevado hasta los últimos rincones del mundo
el saluda del león,
en el que invitaba a todos los animales a una recepción
para celebrar su cumpleaños...
Los primeros en llegar fueron los grandes felinos:
leones, tigres, leopardos y panteras, formaban un espectacular desfile
y junto a otros muchos animales, grandes y pequeños,
se fueron situando en la gran explanada.
De repente, sonaron unas llamadas de advertencia
que acallaron el murmullo de las conversaciones.
Anunciaban la presencia del León que,
moviendo la cabeza de un lado a otro,
saludaba a los asistentes con potentes rugidos.


Música, texto e imagen se unen para ofrecer a los niños la célebre pieza de Saint-Saëns de una forma lúdica. El libro se complementa con un CD que contiene toda la pieza musical, interpretada por la Academy of London.

Os dejo con un audio del texto de José Antonio Abad y un fragmento de la música que pertenece a la película Fantasía 2000, de la casa Disney:


jueves, 23 de febrero de 2017

LLEGAN LOS JUANES, COMIENZA EL CARNAVAL


Una vez al año, este pueblo del centro de La Mancha nos atrae con su maestro de ceremonias en acción.

El maestro de ceremonias es Juan-Perucita Juan, el maestro de ceremonias y celebraciones más famoso del mundo: el Sr. Juan. Según la leyenda, con su vuelta al pueblo llega el carnaval y se acerca la primavera.

Este 23 de febrero, como todos los Jueves Lardero, tras lardear, a las 20’30 minutos, Juan Perucita Juan, maestro de maestros de ceremonias, celebrador de celebradores, bailón de bailones, ha llegado, de buen humor y con mucha marcha, a la Plaza Vieja, aquí, en Villarrobledo, Albacete.

Y ha dicho en lengua juanil o de pico cuervo, como prefieran: “Definitivamente veo una sardina”. ¡Enhorabuena, amigos! ¡Diez días de fiesta, juerga y Carnaval!

Y con sus amigos y compañeros, los Juanes, ha entonado esta hermosa melodía:


De nuevo llegó
otro Carnaval,
todos "los Juanes" con sus disfraces,
dando color.

Un lobo feroz
mira esta vez,
"Juan-Perucita" con su abuelita
pueden caer.

Un "Juan-leñador"
pudo aparecer,
estropeando los planes del lobo,
que se marchó.

Así pasará
nuestro Carnaval,
"Juan-Perucita" con su cestita
huevos dará...
y siempre tendrá
sombras de lobo detrás.

Un "Juan-cazador"
pasó por allí,
y el lobo corriendo
salía huyendo
muy lejos al fin.

Como es Carnaval
me pongo a bailar,
"Juan-Perucita" con su abuelita
también bailará...
y siempre tendrá
sombras de lobo detrás.

De nuevo llegó
otro Carnaval,
todos "los Juanes" con sus disfraces,
dando color.


miércoles, 22 de febrero de 2017

DESAFÍO QUE LA CUARESMA HIZO A DON CARNAL


Acercándose viene un tiempo de Dios, santo;
fuime para mi tierra a descansar un cuanto,
de entonces a ocho días era Cuaresma, tanto
que puso por él mundo gran miedo y gran espanto.

Estando yo en la mesa con don Jueves Lardero,
entregóme dos cartas un rápido trotero;
diré lo que decían, mas no lo haré ligero
pues las cartas, leídas, devolví al mensajero.

De mí, Santa Cuaresma, sierva del Criador
y por Dios enviada a todo pecador,
a todos arciprestes y curas sin amor
salud en Jesucristo, hasta Pascua Mayor.

Sabed que me dijeron que, hace cerca de un año,
se muestra don Carnal muy sañudo y huraño,
devastando mis tierras, haciendo muy gran daño,
vertiendo mucha sangre; con disgusto me extraño.

Y por esta razón, en virtud de obediencia,
os mando firmemente, so pena de sentencia,
que por mí, por mi Ayuno y por mi Penitencia,
vos le desafiéis con mi carta de creencia.

Decidle sin rodeos que de hoy en siete días,
la mi persona misma, con las mis compañías,
iremos a luchar con él y sus porfías;
temo no se detenga en sus carnicerías.

Devolved al trotero la carta ya leída;
que la muestre a la gente, no la lleve escondida;
que no digan después que no fue conocida.
Fechada en Castro Urdiales y en Burgos recibida.

Juan Ruiz, Libro de Buen Amor

martes, 21 de febrero de 2017

EN LA OSCURA PROFUNDIDAD DEL MAR

 

El Támesis es una bestia inmunda: avanza sinuoso por Londres como un lución o una serpiente marina. Todos los ríos desembocan en él, el Fleet y el Tyburn y el Neckinger, llevando consigo toda la suciedad y la espuma y los residuos, los cadáveres de gatos y perros, y los huesos de ovejas y cerdos hasta las aguas marrones del Támesis, que se las lleva al este hasta el estuario y, desde allí, las arrastra hacia el mar del Norte y el olvido.

Está lloviendo en Londres. La lluvia arrastra la porquería hasta las alcantarillas, y alimenta los arroyos hasta convertirlos en ríos, y los ríos en criaturas poderosas. La lluvia es ruidosa, salpica y golpetea y repiquetea en los tejados. Si lo que cae del cielo es agua limpia, sólo tiene que tocar Londres para convertirse en suciedad, para mezclarse con el polvo y convertirse en barro.

Nadie se la bebe, ni el agua de lluvia ni la del río. La gente hace chistes sobre el agua del Támesis, dicen que te mata al instante, y no es verdad. Hay traperos que se sumergen en el río en busca de los peniques que tira la gente, luego salen a la superficie, escupen el agua, se estremecen y enseñan las monedas. No mueren, claro, por lo menos no mueren de eso, aunque no hay traperos de más de cincuenta años.

A la mujer no parece importarle la lluvia.

Pasea por los muelles de Rotherhithe, como ha hecho durante años, durante décadas. Nadie sabe cuántos años lleva haciéndolo porque a nadie le importa. Ella pasea por los muelles o se queda mirando fijamente el mar. Contempla los barcos, que cabecean anclados. Debe de hacer algo para evitar que su cuerpo y su alma se disocien, pero ninguno de los trabajadores del muelle tiene la más remota idea de lo que puede ser.

Te refugias del diluvio bajo el toldo de lona que ha desplegado un velero. Al principio crees que estás solo ahí abajo, porque ella está quieta como una estatua y mira fijamente a través del agua, aunque la cortina de agua no deja ver nada. La otra orilla del Támesis ha desaparecido.

Y entonces te ve. Te ve y empieza a hablar, pero no te habla a ti, oh, no, sino al agua gris que cae del cielo gris al río gris. Y dice:

—Mi hijo quería ser marinero.

Y tú no sabes qué contestar ni cómo contestar. Tendrías que gritar para hacerte oír por encima del rugido de la lluvia, pero ella habla y tú escuchas. Te sorprendes estirando el cuello y
esforzándote para oír sus palabras.

—Mi hijo quería ser marinero.

»Le dije que no se hiciera a la mar. Soy tu madre, le dije. La mar no te amará como yo, ella es cruel. Pero él replicó: oh, madre, necesito ver mundo. Necesito ver el amanecer en el trópico, y ver el baile de la aurora boreal en el cielo ártico, y por encima de todo necesito hacer fortuna y entonces, cuando lo haya conseguido, volveré contigo, te construiré una casa, y tendrás criados, y bailaremos, madre, ya verás cómo bailaremos…

»¿Y qué haré yo en una casa elegante?, le pregunté. Tú y tu palabrería; eres un necio. Le hablé de su padre, que nunca regresó de la mar: había quien decía que murió y lo tiraron por la borda, mientras que otros aseguraban sin pestañear que lo habían visto regentando un prostíbulo en Ámsterdam.

»Tanto da. La mar se lo llevó.

»Cuando tenía doce años, mi hijo se escapó a los muelles y se enroló en el primer barco que encontró; me dijeron que se había ido a Flores, en las Azores.

»Hay barcos de mal agüero. Barcos malos. Les dan una mano de pintura después de cada catástrofe y les ponen un nombre nuevo para engañar a los incautos.

»Los marineros son supersticiosos. Se corre la voz. El capitán de ese barco lo hizo encallar siguiendo las órdenes de sus propietarios, para defraudar al seguro; y luego, después de repararlo y dejarlo como nuevo, lo abordan los piratas; y después coge un cargamento de mantas y se convierte en un barco apestado tripulado por los muertos, y sólo tres hombres lograron llevarlo hasta el puerto de Harwich…

»Mi hijo había embarcado en un barco maldito. Fue en el viaje de vuelta a casa, cuando venía a traerme su sueldo (era demasiado joven para habérselo gastado en mujeres y grog), cuando se desató la tormenta.

»Era el más pequeño del bote salvavidas.

»Dijeron que lo echaron a suertes, pero yo no me lo creo. Él era más pequeño que ellos. Después de ocho días a la deriva en un barco, estaban hambrientos. Y si lo echaron a suertes, hicieron trampa.

»Rebañaron sus huesos, uno a uno, hasta dejarlos relucientes, y se los dieron a su nueva madre, la mar. Ella no derramó lágrimas y los aceptó sin mediar palabra. Es cruel.

»Algunas noches desearía que no me hubiera contado la verdad. Podría haberme mentido.

»Le entregaron los huesos de mi hijo a la mar, pero el primer oficial del barco, que conocía a mi marido y a mí también mejor de lo que creía mi esposo, a decir verdad, se quedó un hueso de recuerdo.

»Cuando regresaron a tierra, todos juraban que mi hijo había muerto en la tormenta que hundió el barco; él vino a verme por la noche y me contó la verdad, y me dio el hueso, por el amor que un día había habido entre nosotros.

»Le dije: lo que has hecho está mal, Jack. Te has comido a tu hijo.

»Aquella noche la mar también se lo llevó a él. Se internó en ella con los bolsillos llenos de piedras, y anduvo mar adentro. No sabía nadar.

»Y yo me colgué el hueso del cuello en una cadena para recordarlos a los dos, por la noche, cuando el viento azota las olas del océano y las arrastra hasta la arena, cuando el viento aúlla entre las casas como el llanto de un bebé.

La lluvia está aflojando y piensas que la mujer ha terminado, pero entonces te mira por primera vez y parece que esté a punto de decir algo.
Ha cogido algo que lleva colgado al cuello y te lo está acercando.

—Mira —dice. Cuando la miras a los ojos adviertes que son tan marrones como el Támesis—. ¿Quieres tocarlo?

Te dan ganas de arrancárselo del cuello y tirarlo al río para que los traperos decidan si se lo quedan o prefieren dejarlo allí. Pero sales tambaleándote de debajo del toldo de lona y el agua de lluvia te resbala por la cara como si fueran las lágrimas de otra persona. 

Neil Gaiman

lunes, 20 de febrero de 2017

#MALDITOS16


A veces necesitamos volver a los lugares donde nos rompemos. Recorrer el camino de regreso al adolescente que fuimos y mirar de frente nuestras heridas, las que se abren cuando nos vemos abocados a elegir quiénes deseamos ser.

#malditos16 emprende ese viaje hacia la identidad a través de las historias de Ali, Dylan, Naima y Rober, cuatro jóvenes que se conocieron en el peor momento de su vida: justo después de querer quitársela. Todos ellos intentaron suicidarse cuando rondaban los dieciséis y ahora, a sus veintipocos, el hospital donde estuvieron internados les propone colaborar en un taller con adolescentes en su misma situación. Acuden con ganas de ser útiles y, a la vez, con miedo de que las grietas se abran y se liberen de nuevo los fantasmas. Monstruos cotidianos de los que apenas se habla. Vidas invisibles –las suyas y las nuestras– que no protagonizan titulares ni ocupan espacio en los medios. Realidades que no existen porque no se nombran y que, sin embargo, todos compartimos. Y es que, aunque nos empeñemos en negarlo, aquellos #malditos16 siguen viviendo bajo el adulto que fingimos ser.

Fernando J. López

                Esta obra de Fernando J. López, y dirigida por Quino Falero, ha sido seleccionada por el Centro Dramático Nacional como un proyecto de Escritos en la Escena: partiendo de un primer borrador, el autor desarrolla y finaliza el texto en el ámbito escénico, trabajando estrechamente con un grupo de intérpretes durante un tiempo determinado.

Algunos de los temas que se abordan, a través de los conflictos y vivencias de los protagonistas, son  acoso escolar, trastornos alimenticios, violencia e identidad de género,  autoestima, falta de expectativas, suicidio, presión familiar… Para abordarlos, cuatro psicólogos expertos participaron en el desarrollo del guion con el afán de crear un texto con realismo absoluto. “Hay que dar recursos a las familias para que interpreten las señales, y a los adolescentes para que tengan agarre, enganches a la vida”, considera el escritor

                Gracias a los flashbacks, donde se recrea la adolescencia de los personajes, vemos una historia en dos tiempos: esa adolescencia (cuando tenían 15 y 16 años) y su juventud (cuando acaban de cumplir 20 y 21), teniendo cada uno de ellos su propia apertura y su propio final. Son cuatro historias de lucha y de superación donde se impone la fuerza de la vida, de la rebeldía y, a través del dolor de las historias de sus personajes, se construye un canto a la vida y a la lucha por encontrar nuestra identidad. Todas las historias de los personajes están basadas en circunstancias reales y son casos de superación de situaciones que, por desgracia, resultan demasiado cotidianas. Con ellas, la obra intenta dar voz a las vidas invisibles, que no aparecen reflejadas en los medios de comunicación:

 Ni una mención en los medios y aun así, el suicidio sigue siendo la segunda causa de muerte entre adolescentes. Lo mismo no hablarlo no está ayudando mucho…

domingo, 19 de febrero de 2017

LA BIBLIOTECA DEL CAPITÁN NEMO

El capitán Nemo se levantó y yo le seguí. Por una doble puerta situada al fondo de la pieza entré en una sala de dimensiones semejantes a las del comedor.

Era la biblioteca. Altos muebles de palisandro negro, con incrustaciones de cobre, soportaban en sus anchos estantes un gran número de libros encuadernados con uniformidad. Las estanterías se adaptaban al contorno de la sala, y terminaban en su parte inferior en unos amplios divanes tapizados con cuero marrón y extraordinariamente cómodos. Unos ligeros pupitres móviles, que podían acercarse o separarse a voluntad, servían de soporte a los libros en curso de lectura o de consulta. En el centro había una gran mesa cubierta de publicaciones, entre las que aparecían algunos periódicos ya viejos. La luz eléctrica que emanaba de cuatro globos deslustrados, semiencajados en las volutas del techo, inundaba tan armonioso conjunto. Yo contemplaba con una real admiración aquella sala tan ingeniosamente amueblada y apenas podía dar crédito a mis ojos.

-Capitán Nemo -dije a mi huésped, que acababa de sentarse en un diván-, he aquí una biblioteca que honraría a más de un palacio de los continentes. Y es una maravilla que esta biblioteca pueda seguirle hasta lo más profundo de los mares.

-¿Dónde podría hallarse mayor soledad, mayor silencio, señor profesor? ¿Puede usted hallar tanta calma en su gabinete de trabajo del museo?

-No, señor, y debo confesar que al lado del suyo es muy pobre. Hay aquí por lo menos seis o siete mil volúmenes, ¿no?

-Doce mil, señor Aronnax. Son los únicos lazos que me ligan a la tierra. Pero el mundo se acabó para mí el día en que mi Nautilus se sumergió por vez primera bajo las aguas. Aquel día compré mis últimos libros y mis últimos periódicos, y desde entonces quiero creer que la humanidad ha cesado de pensar y de escribir. Señor profesor, esos libros están a su disposición y puede utilizarlos con toda libertad.

Di las gracias al capitán Nemo, y me acerqué a los estantes de la biblioteca. Abundaban en ella los libros de ciencia, de moral y de literatura, escritos en numerosos idiomas, pero no vi ni una sola obra de economía política, disciplina que al parecer estaba allí severamente proscrita. Detalle curioso era el hecho de que todos aquellos libros, cualquiera que fuese la lengua en que estaban escritos, se hallaran clasificados indistintamente. Tal mezcla probaba que el capitán del Nautilus debía leer corrientemente los volúmenes que su mano tomaba al azar.

Entre tantos libros, vi las obras maestras de los más grandes escritores antiguos y modernos, es decir, todo lo que la humanidad ha producido de más bello en la historia, la poesía, la novela y la ciencia, desde Homero hasta Victor Hugo desde Jenofonte hasta Michelet, desde Rabelais hasta la señora Sand. Pero los principales fondos de la biblioteca estaban integrados por obras científicas; los libros de mecánica, de balística, de hidrografía, de meteorología, de geografía, de geología, etc., ocupaban en ella un lugar no menos amplio que las obras de Historia Natural, y comprendí que constituían el principal estudio del capitán. Vi allí todas las obras de Humboldt, de Arago, los trabajos de Foucault, de Henri Sainte-Claire Deville, de Chasles, de Milne-Edwards, de Quatrefages, de Tyndall, de Faraday, de Berthelot, del abate Secchi, de Petermann, del comandante Maury, de Agassiz, etc.; las memorias de la Academia de Ciencias, los boletines de diferentes sociedades de Geografía, etcétera. Y también, y en buen lugar, los dos volúmenes que me habían valido probablemente esa acogida, relativamente caritativa, del capitán Nemo. Entre las obras que allí vi de Joseph Bertrand, la titulada Los fundadores de la Astronomía me dio incluso una fecha de referencia; como yo sabía que dicha obra databa de 1865, pude inferir que la instalación del Nautilus no se remontaba a una época anterior. Así, pues, la existencia submarina del capitán Nemo no pasaba de tres años como máximo. Tal vez -me dije- hallara obras más recientes que me permitieran fijar con exactitud la época, pero tenía mucho tiempo ante mí para proceder a tal investigación, y no quise retrasar más nuestro paseo por las maravillas del Nautilus.

Julio Verne, 20000 Leguas de Viaje Submarino